III DOMINGO DE ADVIENTO 2025

ADVIENTO

TIEMPO DE ESPERANZA Y ALEGRIA

Este tercer domingo de Adviento se le conoce como el domingo “Gaudete” o domingo de la alegría. ¿Por qué? Porque es la primera palabra con la que comenzaba la misa cuando se celebraba en latín. Dicho en castellano con palabras de San Pablo a los Filipenses: “Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. El Señor está cerca” (Fil 4, 4-5). Cierto, la Navidad está cerca. Por eso la oración-colecta de este domingo insiste en la alegría: “Concédenos llegar a la alegría de tan gran acontecimiento de salvación, y celebrarlo con júbilo desbordante”. No lo dudemos; Dios quiere que vivamos alegres, contentos.

En el evangelio de este domingo, Jesús responde a los emisarios de Juan Bautista sobre si es o no el Mesías. Y responde con hechos que coinciden con los signos señalados por el profeta Isaías. “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados”. ¡Qué importante! Jesús, para decirnos quién es y declarar su identidad, nos lo dice con hechos; hechos que manifiestan la huella de Dios y que van todos a favor de los hombres. Es una buena pista para nosotros si queremos manifestar nuestra condición de cristianos discípulos de Jesús. Que nuestros hechos manifiesten quiénes somos.

TIEMPO DE REFLEXIÓN

Te invito a reflexionar juntos sobre:

  1. ¿Por qué esta insistencia de la Palabra de Dios en que vivamos alegres? ¿Qué relación existe entre ser cristianos y vivir alegres?
  2. Si Jesús da testimonio de su identidad con hechos, ¿qué hechos pueden testimoniar que nosotros somos cristianos?

TIEMPO DE ORACIÓN

Señor Jesús, después de enseñarnos el mandamiento del amor fraterno –“Amaos unos a otros como yo os he amado”- nos dijiste: “Os he dicho esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a su plenitud”.

Y cada una de las ocho Bienaventuranzas, comienza por la palabra “dichosos”. También sabemos que la alegría es uno de los frutos del Espíritu Santo: “Amor, alegría, paz,…”

Hoy te pedimos con toda la Iglesia la alegría, no solo para celebrar la Navidad, sino para hacerla extensiva a todas las personas que conviven con nosotros, con el deseo de que se prolongue a lo largo del nuevo año: “Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante”.

Amén.