IV DOMINGO DE ADVIENTO 2025
ADVIENTO
TIEMPO DE ESPERANZA Y ALEGRIA
Este cuarto domingo de Adviento tiene como protagonista a la Virgen María. Lo es a lo largo de toda esta semana que precede a la Navidad. Tan es así que se la conoce como Virgen de la esperanza. Dice el evangelio que “estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo”. El misterio de este niño concebido en su seno solo Dios lo puede revelar: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios”.
José, su esposo, que era justo y no podía entenderlo, recibió también el anuncio: “La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Por tanto, además de Hijo de Dios, será el Salvador de los hombres. Con palabras del profeta Isaías, el niño que la Virgen María lleva en sus entrañas es el “Enmanuel” que significa “Dios-con-nosotros”, motivo de esperanza y alegría para todos los hombres.
TIEMPO DE REFLEXIÓN
Te invito a reflexionar juntos sobre:
- “Para Dios nada hay imposible”. ¿Qué significa para ti el hecho de la encarnación? El hecho de que María conciba en su seno a Jesús, Dios encarnado, por obra del Espíritu Santo.
- ¿En qué sentido la encarnación del Hijo de Dios en Jesús es motivo de esperanza y alegría para todos los hombres?
TIEMPO DE ORACIÓN
Oh Dios, Padre Nuestro. Estamos a las puertas de la Navidad. Estos días estamos invitados a contemplar a María como Virgen Madre que lleva en su seno al Hijo de Dios encarnado. Tu palabra, a través del profeta Isaías, nos dice que ese niño es el Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”. El evangelio de hoy insiste en la misma verdad: “Dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”.
Te pedimos, Oh Dios y Padre Nuestro, que aumentes nuestra fe en el Niño-Dios cuyo nacimiento vamos a celebrar. Enséñanos, con el ejemplo e intercesión de la Virgen María, a poner en práctica la ley de la encarnación: que tus palabras del evangelio se hagan carne de nuestra vida. Así Dios seguirá estando con nosotros, y, por medio nuestro, estará presente en nuestro mundo.
Amén.