DEL BARRO A LA LUZ
DOMINGO 4º DE CUARESMA
15 DE MARZO
El evangelio de hoy nos cuenta con mucho detalle el milagro por el que Jesús curó a un ciego de nacimiento: “Hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: ‘Ve a lavarte a la piscina de Siloé’. Él fue, se lavó, y volvió con vista”. Lo importante de este signo es su significado. Comienza diciendo: “Yo soy la luz del mundo”. A lo largo de este relato evangélico, Jesús nos va mostrando en la persona del ciego que hay otra luz interior igualmente importante que es la luz de la fe. El ciego curado creyó primero en Jesús como un profeta. Después creyó en su origen divino: “Si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder”. Y finalmente hace una afirmación de fe ante Jesús, Dios hecho hombre: “Jesús le preguntó: ¿Crees tú en el Hijo del hombre? Él contestó: ¿Y quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: El que está hablando contigo, ese es. Él dijo: ‘Creo, Señor’. Y se postró ante él”. Una forma de decirnos que reconoce a Jesús como Dios, el Señor. Ahora el ciego curado ve también con los ojos de la fe.
El evangelio señala una tremenda paradoja que es muy frecuente. Los que dicen ver y se obstinan en sus prejuicios, están ciegos porque no ven la verdad de los hechos. En cambio, el ciego de nacimiento que antes no veía, es el que ve la verdad con los ojos de la fe. “Jesús dijo: He venido a este mundo para que los que no ven, vean; y los que ven, se queden ciegos”.
San Pablo nos hace ver en la 2ª lectura que también nosotros somos luz en el Señor porque participamos de la luz que es Cristo: “Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas”.
PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN:
El ciego de nacimiento representa para nosotros la llamada a ir adquiriendo y haciendo crecer en nuestra vida los ojos de la fe. ¿Qué tengo que hacer para ello?
“Vivid como hijos de la luz”. ¿Cómo? “La bondad, justicia y verdad son fruto de la luz”. Esto es ser luz para mí y para los demás. ¿Cómo se lleva a la práctica?
ORACIÓN:
Señor Jesús, a través de este evangelio nos enseñas que no solo necesitamos los ojos de la cara para ver el mundo que nos rodea, sino también los ojos de la fe para descubrir la verdad de nuestro interior donde tú habitas, y descubrir tu presencia en la Palabra del evangelio, en el pan consagrado de la Eucaristía, en el prójimo necesitado, en el hermano con quien convivo, en la comunidad de la Iglesia.
Como el ciego de nacimiento, yo también te digo hoy: “Creo, Señor Jesús”. Y te pido que aumentes mi fe.
Enséñanos, Señor Jesús, a vivir como hijos de la luz, poniendo de manifiesto en nuestra vida la bondad, la justicia y la verdad, y denunciando las obras de las tinieblas que son justo lo contrario, la maldad, la injusticia y la mentira.
Amén.