III Domingo de Pascua 2026

Primera lectura

Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles

(2, 14. 22-33)

El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró:
«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras.

A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él:

“Veía siempre al Señor delante de mí,
pues está a mi derecha para que no vacile.
Por eso se me alegró el corazón,
exultó mi lengua,
y hasta mi carne descansará esperanzada.

Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos,
ni dejarás que tu Santo experimente corrupción.
Me has enseñado senderos de vida,
me saciarás de gozo con tu rostro”.

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

Salmo

Señor, me enseñarás el sendero de la vida

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R/.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos,
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro

(1, 17-21)

Queridos hermanos:

Puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras de cada uno, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación, pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios.

Evangelio del día

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas

(24, 13-35)

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».

Él les dijo:
«¿Qué?».

Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.

Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

DOMINGO 19 DE ABRIL «PASCUA 2026»

¡JESÚS RESUCITÓ!

¡ÉL VIVE HOY!

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».

Él les dijo:
«¿Qué?».

Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.

Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra de Dios.

Oración

Señor Jesús, los cristianos no somos seguidores de una idea, sino de una persona que eres tú mismo Resucitado, que te haces presente en el camino de nuestra vida como lo hiciste en el camino de aquellos dos discípulos de Emaús. Tú nos conoces, Señor, y te interesas por nuestro estado de ánimo. Cuando nos encontramos entristecidos y parece que nos falla la esperanza, nada mejor que acudir a tu palabra del Evangelio. Tiene valor de eternidad y es capaz de reanimarnos como ocurrió entonces: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”. Jesús, confiamos en ti.

Señor Jesús, creemos que te haces presente entre nosotros, sobre todo en el momento de la celebración de la Eucaristía. Como les ocurrió a aquellos dos discípulos de Emaús, “Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron al partir el pan”. Y añade el texto: “Pero él desapareció de su vista”. Está claro que se refiere a la Eucaristía. Tampoco nosotros, cuando participamos en la misa, te vemos físicamente. Pero creemos que estás presente en el pan y el vino consagrados. Aumenta, Señor, nuestra fe. Ayúdanos a creer. Te pedimos también por muchos cristianos que no participan en la Eucaristía para que descubran tu presencia en la misa.

Señor Jesús, los dos discípulos de Emaús, recuperada la esperanza, volvieron a Jerusalén para encontrarse con sus hermanos en la fe. Gracias, Señor Jesús, porque a través de este evangelio nos muestras que no podemos vivir la fe cristiana en solitario, sino en comunidad, formando parte de la Iglesia. De hecho, “encontraron reunidos a sus compañeros, que estaban diciendo: ‘Es verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón’”. 

Señor Jesús, ayúdanos a descubrir tu presencia en el camino de la vida, en la palabra del evangelio, en la fracción del pan (la misa) y en la comunidad de hermanos en la fe. Las cuatro formas de tu presencia están muy claras en el evangelio de hoy. Ayúdanos a descubrirlas y a revitalizar nuestra relación contigo. 

Amén.

ÉL SIGUE VIVO ENTRE NOSOTROS

PRUEBA DE ELLO...

Carla López Salvador

Carla tiene 30 años.

Trabaja en la Residencia de la Junta de Fuentes Blancas como terapeuta ocupacional y actualmente está finalizando sus estudios de Doctorado en Ciencias de la Salud.

Pertenece a la parroquia de San Pedro de la Fuente donde es catequista del último año de confirmación, coordina el grupo de adolescentes de la misma parroquia dirigido a jóvenes de 13 a 18 años, es miembro del coro y forma parte del consejo parroquial.

Fuera de la parroquia también forma parte del Secretariado para la Pastoral de las Personas con Discapacidad (SEDISBUR).

Entre sus aficiones, se encuentra la música y el deporte; especialmente la natación, disciplina en la que compitió cuando era pequeña.

Carla López Salvador

Durante ocho años ha realizado voluntariado con personas con discapacidad intelectual; colectivo con el que posteriormente ha tenido la oportunidad de trabajar profesionalmente reforzando así su vocación y compromiso social.

Asimismo, le encanta viajar y descubrir nuevos lugares, culturas y experiencias, aunque valora especialmente sus raíces, disfrutando de las fiestas y tradiciones de Burgos como integrante de una de sus peñas, donde comparte momentos muy especiales junto a su familia y amigos. 

En este tiempo de Pascua en el que celebramos la Resurrección de Jesús, dinos si Jesús es para ti alguien que vive y te relacionas con él. ¿Quién es Jesús para ti?

Para muchas personas, la figura de Jesús se percibe como la de un personaje histórico, alguien del pasado que aparece en la Biblia y cuyo modo de pensar puede parecer hoy lejano o incluso anticuado.

«Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre», así lo describen las Escrituras.

Para mí, además, es un amigo y un modelo de vida: alguien a quien aspiro a parecerme, al igual que a mis padres, amigos, compañeros de trabajo y otras personas que considero referentes. Su mensaje, basado en el amor, el perdón y la solidaridad con los más desfavorecidos, nos ofrece las claves para ser mejores personas en nuestro día a día.

Podríamos decir que Jesús fue un «influencer» de su tiempo, ya que su forma de vivir y sus enseñanzas han influido y siguen influyendo, en millones de personas a lo largo de la historia.

¿En qué momentos y cómo se manifiesta esa relación que tienes con Jesús o esa relación de Jesús contigo?

Se manifiesta en la Eucaristía de los domingos, en mi compromiso con los niños de catequesis y los adolescentes, en mi trabajo y en los momentos de dificultad y enfermedad.

También, durante los ratos de oración. Intento rezar ayudándome del Evangelio. Aunque, siendo sincera, me cuesta encontrar un momento de silencio durante el día, porque siempre estoy pendiente de muchas cosas. Por eso, cuando me pasa algo importante, paro un momento, cierro los ojos y lo digo en voz alta; así siento que Dios me escucha.

Me acuerdo de como al principio, cuando empecé como catequista, me daba más vergüenza hablar con las personas de mi entorno sobre mi fe, pero ahora ya lo hago con naturalidad.

En tu opinión, ¿Cuáles pueden ser hoy buenos signos externos que muestren a los demás nuestra fe en que Jesús resucitó y vive?

Intento que lo que creo se note en mis acciones del día a día:

En casa, con mi familia, trato de ser paciente y ayudar en lo que puedo.

En mi trabajo, con mis compañeros y residentes, intento ser respetuosa, cercana y actuar con responsabilidad.

Y con mis amigos, procuro ser una persona en la que puedan confiar y con la que se sientan bien.

¿Qué le dirías a uno que no cree en esta verdad de fe: no cree que Jesús, como hombre que fue igual que nosotros, resucitó y vive?

Es difícil de entender la Resurrección para una persona no creyente, puesto que no es algo que se pueda demostrar como algo científico.

Yo no le presionaría a hablar del tema pero, si se diera la oportunidad, le invitaría a preguntarse qué es lo que mueve a tantos misioneros, sacerdotes y laicos a dedicarse por completo a esa vocación encomendada si no estuviera por debajo la fe en Jesús.

¿Qué les hace seguir adelante, si no es la esperanza de que Jesús está vivo y acompaña su vida?

Creo que «todos nacemos con una misión en el mundo», pero depende de cada uno poner a Dios en el centro de su vida.

ENTREGA DE LOS SANTOS ÓLEOS 2026

En la mañana del miércoles 15 de abril una sencilla paraliturgia, en la iglesia de San Pedro de la Fuente, ha servido de marco para la entrega de los Santos Óleos a las parroquias del Arciprestazgo de Burgos-Vena.

Estos óleos: Óleo de los Catecúmenos, Óleo de los Enfermos y el Santo Crisma; fueron bendecidos y repartidos a cada Arcipreste por el arzobispo emérito, Mons. Fidel Herráez el pasado Miércoles Santo durante la misa crismal celebrada en la Catedral.

Estos serán utilizados a lo largo del año en los distintos sacramentos: Bautismo, Confirmación, Orden sacerdotal y Unción de los enfermos.

II Domingo de Pascua 2026

Primera lectura

Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles

(2, 42-47)

Los hermanos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.

Todo el mundo estaba impresionado, y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos. Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.

Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando.

Salmo

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R/.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro

(1, 3-9)

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva; para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo a vosotros, que, mediante la fe, estáis protegidos con la fuerza de Dios; para una salvación dispuesta a revelarse en el momento final.

Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un Poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas.

Evangelio del día

Lectura del Santo Evangelio según San Juan

(20, 19-31)

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».

Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:
«Señor mío y Dios mío!».

Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

DOMINGO 12 DE ABRIL «PASCUA 2026»

¡JESÚS RESUCITÓ!

¡ÉL VIVE HOY!

Lectura del santo Evangelio según San Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».

Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:
«Señor mío y Dios mío!».

Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra de Dios.

Oración

Señor Jesús, después de siete días seguimos celebrando con alegría el hecho más grandioso que ha ocurrido en la historia de la humanidad. Tu Cuerpo muerto, que fue depositado en el sepulcro de Jerusalén, “resucitó al tercer día y vive”. Es el acontecimiento más importante de nuestra fe, que se fundamenta en un hecho acreditado por la palabra y la vida de los que fueron testigos de tu presencia como Resucitado: “A este Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo resucitó, de lo cual todos nosotros somos testigos”.

El evangelio de hoy nos permite situarnos en la tarde-noche de aquel primer día de la semana en que tú te hiciste presente entre tus discípulos. Gracias, Jesús, porque has querido hacerte visible en medio de tus discípulos cuando estaban reunidos. Gracias porque les has enseñado las manos y el costado para que se convencieran de que eres tú mismo en persona, el crucificado que has resucitado. Gracias porque el saludo de paz que les repites hasta tres veces en el evangelio de hoy, es también para nosotros: “Paz a vosotros”. Con este deseo de paz, queremos unirnos hoy a la oración de toda la Iglesia por la paz en el mundo.

Gracias, Señor Jesús, porque, a través del apóstol Tomás, prototipo del hombre descreído de nuestro tiempo, nos diriges una amable corrección que nos hace mucho bien: “No seas incrédulo, sino creyente”. Y nos alegra recibir tus palabras de bienaventuranza: “Bienaventurados los que crean sin haber visto”. Gracias, Señor Jesús, porque este evangelio ha sido escrito “para que creamos que tú eres el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengamos vida en tu nombre”.

Hoy, domingo de la misericordia, “damos gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”. Como bien dijo el Papa Francisco en el título de uno de sus libros, “El nombre de Dios es Misericordia”. Cierto, el mensaje central del evangelio es amor y misericordia. ¡Dios de misericordia infinita! Acrecienta en nosotros los dones de tu gracia. Ayúdanos a vivir la fe, la esperanza y el amor. Jesús Resucitado, ten misericordia de nosotros que confiamos en ti.

Amén.

ÉL SIGUE VIVO ENTRE NOSOTROS

PRUEBA DE ELLO...

Elvira Josefina Pedroza Domínguez

Elvira es de Venezuela.

Trabaja con personas mayores dependientes, vive en el barrio desde hace tres años, está casada y tiene tres hijos.

Se encuentra vinculada a la Parroquia de San Pedro de la Fuente, como catequista de niños de Comunión, es integrante de la Medalla Milagrosa, pertenece al grupo de Evangelización y es miembro de la Cofradía de la Oración en el Huerto y Ntra. Señora de los Dolores.

Elvira Pedroza Domínguez

En este tiempo de Pascua en el que celebramos la Resurrección de Jesús, dinos si Jesús es para ti alguien que vive y te relacionas con él. ¿Quién es Jesús para ti?

Estoy completamente segura de que Jesús vive y está presente en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía y en mi vida. Y sí que tengo una estrecha relación con él.

Jesús para mí, es el centro de mí vida, es todo: mí Dios hecho carne, el salvador del mundo, es mí fuerza, es mi paz, es mí esperanza, es mí guía, es mí refugio, es mí razón para vivir. Jesús por ser mí Padre, es un amigo muy cercano, con quien puedo conversar íntimamente desde el corazón. Jesús es mi gran Maestro, porque nos enseña, a través de su palabra, a amar, a perdonar, a ser humildes de corazón, generosos, y a ser portadores de su palabra.

¿En qué momentos y cómo se manifiesta esa relación que tienes con Jesús o esa relación de Jesús contigo?

El principal momento de mí relación con Jesús, comienza con la ORACIÓN, ese dialogo amoroso, del que habla Santa Teresa de Licieux, a primera hora de la mañana y seguidamente con la escucha y meditación del Evangelio del día. Asimismo, realizo otra ORACIÓN, en una hora del día, al Sagrado Corazón de Jesús. Y antes de dormir, es el último dialogo del día con Jesús. Los otros momentos en que se manifiesta mi relación con Jesús es en, todas mis actividades diarias, tanto en el hogar como en el trabajo; como consuelo y compañía en los momentos de dificultad o enfermedad de mi familia y amigos; en el servicio y amor al prójimo; y en la lectura de su Palabra, ya que, a través de ella, Jesús me habla y me guía.

 Al responder cómo se manifiesta Jesús, en mi relación con él, escribiría un libro, ya que Jesús no sólo se manifiesta en las cosas extraordinarias que me suelen ocurrir, sino, en lo más profundo de mi corazón; cuando siento una paz interior en medio de circunstancias difíciles; haciéndome más paciente o compasiva, amorosa, bondadosa, cuando doy un perdón, aunque me cueste, esta transformación interior también es una forma en la que Jesús se manifiesta en mí. Muchas veces, en personas que me ayudan, me animan con palabras de aliento o que aparecen justo cuando más lo necesito. Ahí puedo percibir el amor de Jesús.

Por otra parte, Jesús se manifiesta en una certeza interior muy profunda, de que no estoy sola, de que hay alguien caminando conmigo, guiándome y sosteniéndome incluso cuando no lo veo claramente.

En tu opinión, ¿Cuáles pueden ser hoy buenos signos externos que muestren a los demás nuestra fe en que Jesús resucitó y vive?

En mi opinión estos pueden ser algunos signos que demuestran nuestra fe en Jesús resucitado y vivo:

  • El Amor: No es suficiente decir que creemos en Jesús Resucitado, sino demostrarlo ayudando, sirviendo, y estando dispuestos para quienes más nos necesiten. Demostrando un buen trato a las personas.
  • La Paz interior: Para mí es un signo muy fuerte, porque esta paz permanece incluso en medio de circunstancias difíciles, eso demuestra que mi esperanza no depende de ellas, sino de que Jesús está vivo.
  • El Perdón: Cuando hay capacidad de perdonar de verdad, ya que no es algo fácil. Cuando alguien ve que yo he perdonado a una persona, puede presentir que hay algo más grande en mí: la presencia de Jesús vivo.
  • Una vida coherente: Es decir, una forma de vivir que refleje lo que creo, mis valores, mi forma de actuar, no se trata de ser perfectos, sino de intentar vivir según el Evangelio cada día.
  • Compartir la fe sin miedo: Es decir, hablar de Jesús con naturalidad, dar testimonio cuando surge la oportunidad, sin imponer, pero sin avergonzarme. Si de verdad creo que él vive, debería demostrarse en lo que digo.
  • La Esperanza: Demostrar que, pase lo que pase, confío en que Jesús tiene la última palabra. Sin pesimismo.
  • La Oración constante y el testimonio público: Es un signo muy importante, ya que a través de ella nos comunicamos diariamente con Jesús, al levantarnos, al bendecir la mesa, en cualquier hora del día, asistiendo a misa, haciendo la señal de la cruz, bendiciendo a nuestros hijos, al acostarnos, confesándonos y haciendo una vida en Oración comunitaria, participando en la vida de la Iglesia, demuestra que la fe está viva.

¿Qué le dirías a uno que no cree en esta verdad de fe: no cree que Jesús, como hombre que fue igual que nosotros, resucitó y vive?

En primer lugar, le hablaría con respeto y cercanía, sin imponer.

Le compartiría que mí fe no se basa sólo en lo que me han enseñado, sino en una experiencia personal. Le explicaría que, para mí, Jesús no es alguien del pasado, sino alguien vivo que ha transformado mi manera de pensar, de actuar, de amar y de enfrentar la vida. Que en momentos difíciles he sentido paz, fuerza y esperanza de una forma que no puedo explicar.

También le diría que mí fe, en que Jesús resucitó, no es solo una creencia, sino un hecho que cambió la historia y la vida de millones de personas.

Y por otra parte, le invitaría a abrirse un poco, a la posibilidad de experimentar que Jesús cambia nuestra vida.

VIGILIA PASCUAL 2026

La parroquia celebró con gran solemnidad la Vigilia Pascual en la noche del sábado 4 de abril, víspera del Domingo de Resurrección, uno de los momentos más significativos del calendario litúrgico cristiano.

La celebración comenzó en el exterior de la Iglesia con la bendición del fuego nuevo y el encendido del Cirio Pascual, símbolo de Cristo resucitado, la luz que vence a las tinieblas. 

Los fieles, portando sus velas, participaron con recogimiento en este rito inicial, que dio paso a la procesión hacia el interior de la Iglesia, iluminada progresivamente por la luz compartida entre todos.

A lo largo de la Liturgia de la Palabra, se realizaron 5 lecturas, 4 de ellas del Antiguo Testamento y 1 del Nuevo Testamento, así como, el Evangelio de San Marcos.

La comunidad parroquial siguió con atención cada uno de estos momentos acompañados por cantos que realzaron la celebración.

Uno de los momentos más especiales de la noche fue la liturgia bautismal, en la que se bendijo el agua y los fieles renovaron sus promesas bautismales, reafirmando su fe y compromiso cristiano. La alegría y la esperanza se hicieron especialmente visibles en este acto comunitario.

La Vigilia Pascual, marcó así el paso de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida, llenando de gozo a todos los presentes.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

¡FELIZ PASCUA DEL RESUCITADO!

Al amanecer del tercer día; las mujeres entre ellas María la Magdalena fueron al sepulcro y vieron la piedra quitada.

(Jn 20, 1-9)

No temáis, ya se que buscáis a Jesús el crucificado.

No está aquí: ¡ha resucitado!

Por la resurrección de Jesucristo, ha vuelto la Gloria, la Luz, la Esperanza, la Vida a cuantos creemos en Él  y en Él confiamos. 

¡Feliz Pascua de Resurrección!

DOMINGO DE RESURRECCIÓN 2026

Primera lectura

Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles

(10, 34a. 37-43)

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

«Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.

Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».

Salmo

Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R/.

«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Colosenses

(3, 1-4)

Hermanos:

Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.

Evangelio del día

Lectura del Santo Evangelio según San Juan

(20, 1-9)

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

DOMINGO 05 DE ABRIL «PASCUA 2026»

¡JESÚS RESUCITÓ!

¡ÉL VIVE HOY!

Lectura del santo Evangelio según San Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra de Dios.

Oración

Señor y Dios nuestro, Jesucristo Resucitado. Hoy celebramos la Pascua, porque tú, Jesús, has pasado de la muerte a la vida, has resucitado. ¡Aleluya! ¡Alegrémonos, porque Jesús resucitó y vive! ¡Alabemos al Señor, nuestro Dios!

Celebremos hoy con alegría la fiesta más importante de nuestra fe cristiana: la Resurrección. No se trata solo de que tú, Jesús, como Hijo de Dios, has resucitado de la muerte, sino también de que, al resucitar, has traspasado las puertas de la muerte haciendo posible que tu Resurrección sea una realidad también para nosotros. Desde esta experiencia única, la muerte ya no tiene la última palabra.

El evangelio de hoy tiene dos palabras que encierran una gran enseñanza para todos nosotros: “Vio y creyó”. Cuando Pedro y Juan, tras recibir la información de María Magdalena, fueron a comprobar que el sepulcro estaba vacío, dice el mismo San Juan que lo escribió: “Vio y creyó”. ¿Qué vio y qué creyó? Esta es la pregunta que merece la pena responder en el evangelio de hoy.

Vio los lienzos de tela, la túnica de lino que había envuelto el cuerpo muerto de Jesús; lienzos y sudario “tendidos en el suelo”, o sea, aplanados a ras de suelo. No estaba tu cuerpo, Señor Jesús, y habías dejado tu imagen impresa en la túnica. Y Juan, que lo cuenta, creyó que habías cumplido tu palabra: “Al tercer día resucitaré”.  

Así lo creemos nosotros porque creemos en ti, Jesús Resucitado. Por el bautismo hemos muerto con Cristo al pecado y hemos resucitado contigo a una vida nueva. Por eso nos dice San Pablo en la 2ª lectura: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba… Aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra”.

La fe en tu resurrección, Señor Jesús, nos permite vivir con esperanza y con alegría, porque tu victoria sobre la muerte conlleva también la victoria del bien sobre el mal, de la verdad sobre la mentira, del amor sobre el odio, de la paz sobre la violencia, de la luz sobre las tinieblas, de la alegría sobre la tristeza. Tu fe nos aporta, Señor, esta opción esperanzada y optimista de la vida. Que así sea.

Amén.

ÉL SIGUE VIVO ENTRE NOSOTROS

PRUEBA DE ELLO...

D. Santiago Giráldez Fernández

Santiago es un sacerdote perteneciente a la Congregación de la Misión de San Vicente de Paúl  (Padres Paúles).

Tiene 83 años.

Desde su ordenación en 1967, ejerció el ministerio sacerdotal, casi siempre como Párroco, con otros períodos combinando también con la docencia y administración, en diversos destinos: Inglaterra, Salamanca (más de 25 años), Marín, Gijón, Cádiz u Orense.

Actualmente desde hace casi tres años, se encuentra destinado como superior de nuestra Comunidad de Burgos, en la calle Emperador 1, junto a nuestra parroquia de San Pedro de la Fuente.

En ella ha podido colaborar varias veces en alguna actividad pastoral como las confesiones de los niños y niñas de nuestra catequesis.

Santiago Giráldez Fernández

En este tiempo de Pascua en el que celebramos la Resurrección de Jesús, dinos si Jesús es para ti alguien que vive y te relacionas con él. ¿Quién es Jesús para ti?

Para mí, Jesús es el modelo de vida que Él me invita a seguir: «Os he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho, lo hagáis también vosotros». 

Al haberme Él regalado el ministerio sacerdotal, me encomienda, como a los Apóstoles, la misión de ser su testigo en el mundo. 

Muy en particular, como miembro de la Congregación de los Paúles, me encomienda el testimonio de su amor afectivo y efectivo con los pobres;  ese es nuestro carisma en la Iglesia.

¿En qué momentos y cómo se manifiesta esa relación que tienes con Jesús o esa relación de Jesús contigo?

Fundamentalmente en la celebración y administración de los sacramentos.

La eucaristía diaria es la fuente de vida: «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna».

Cuando administro el sacramento de la penitencia, me siento abrumado   por su amor, porque, siendo yo pecador, se sirve de mí para comunicar su perdón y su amor a los demás.

En tu opinión, ¿Cuáles pueden ser hoy buenos signos externos que muestren a los demás nuestra fe en que Jesús resucitó y vive?

Todas las obras de amor y ayuda a los necesitados son los mejores signos de que Jesús está vivo entre nosotros. 

El ejemplo de tantas personas que, también en nuestros días, además de ejercer el amor con el prójimo, dan su vida por Dios y el Evangelio, es un testimonio irrefutable de que Jesús vive en el mundo.

¿Cuántos son los que cada día en el mundo son perseguidos y martirizados a causa de su fe en Cristo Resucitado?

¿Qué le dirías a uno que no cree en esta verdad de fe: no cree que Jesús, como hombre que fue igual que nosotros, resucitó y vive?

A Jesús no lo podemos ver y tocar físicamente como lo vieron los Apóstoles. 

Lo vemos y tocamos en la persona de nuestros prójimos:«Todo lo que hagáis a cualquiera de vuestros hermanos, a mí me lo hacéis». 

«Jesús sigue vivo y presente en la persona de nuestro prójimo» Observa la bondad que hay en nuestro mundo manifestada en la dedicación de muchas personas e instituciones al servicio de los demás, y te convencerás de ello.

CALENDARIO DE PASCUA ‘2026’

¡CRISTO RESUCITÓ!

y

SIGUE VIVO ENTRE NOSOTROS

“Cristo vive y te quiere vivo. Él está en ti, está contigo. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote. Cuando te sientas tocado por la tristeza, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza”, son las palabras con las que comienza el Papa Francisco la Exhortación Apostólica «VIVE CRISTO, ESPERANZA NUESTRA» dirigida principalmente a los jóvenes.

La verdad fundamental de nuestra fe es que Cristo resucitó y vive. Así lo dice San Pablo: “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también nuestra fe… Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto” (1Cor 15, 14.20). Es decir, Cristo ha resucitado primero y es garantía de que también nosotros resucitaremos.

Si esto es verdad –así lo creemos- nuestra fe cristiana se fundamenta en la victoria de la vida sobre la muerte, del bien sobre el mal, de la verdad sobre la mentira, del gozo y la esperanza sobre la tristeza y la desesperación.

Este tiempo de Pascua queremos hacerte partícipe de la alegría pascual a través del testimonio de unas personas que viven y comparten su vida de fe entre nosotros.

Cada semana de Pascua una persona aparecerá en nuestra página para testimoniar su fe. Deseamos que lo disfrutes con nosotros.

Abril

Domingo

05

Domingo de Resurrección

Domingo

12

II Domingo de Pascua

Domingo

19

III Domingo de Pascua

Domingo

26

IV Domingo de Pascua

Mayo

Domingo

03

V Domingo de Pascua

Domingo

10

VI Domingo de Pascua

Domingo

17

VI Domingo de Pascua

Domingo

24

Solemnidad de Pentecostés