“SE TRANSFIGURÓ DELANTE DE ELLOS…”

DOMINGO 2º DE CUARESMA

01 DE MARZO

Si leemos el evangelio de hoy en una biblia cualquiera, podemos ver que comienza así: “Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y…” Lo lógico es preguntarnos: Seis días después ¿de qué? El cap. anterior, Mt 16, nos da la respuesta. Antes Jesús les había anunciado su pasión, muerte y resurrección. Y también les dijo que los que quisieran seguirle, tenían que “negarse a sí mismos y cargar con su cruz”. O sea, iban a correr la misma suerte. Esto les dejó con el miedo en el cuerpo. Y Jesús quiso hacerles partícipes de la experiencia gozosa del Tabor; algo así como adelantarles el encuentro asombroso con Jesús Resucitado.

Lo que ocurre en lo alto del monte, tiene lugar, según cuenta San Lucas (Lc 9, 29), “mientras Jesús oraba”. Es en esa experiencia de oración cuando el cuerpo de Jesús se transformó, “se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz… y una nube luminosa los cubrió con su sombra”. Son todos signos claros de una teofanía, una manifestación de Dios. Por eso se oyó la voz del Padre que decía desde la nube: “Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo”.

A la luz de su Palabra hemos de entender lo escrito en la ley de Dios, Moisés, y lo anunciado en los profetas, Elías. Nada mejor que escuchar sus palabras y seguir su evangelio. Él nos revela el misterio de Dios y también la verdad sobre los hombres para llegar a ser con plenitud hijos de Dios. El encuentro con Jesús nos lleva a experimentar con Pedro: “Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí!”.

PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN:

  1. Jesús no solo nos revela el misterio de Dios, sino también nos manifiesta qué es y cómo ser en plenitud persona humana. ¿Estás de acuerdo?
  2. Si Jesús se transfiguró mientras estaba orando, ¿crees que la oración nos enriquece en nuestra condición humana? ¿Y cómo se manifiesta?

ORACIÓN:

Señor Jesús, te damos gracias porque, en este evangelio de la transfiguración, nos has manifestado tu divinidad.

Todo tu cuerpo se transformó e hiciste partícipes de esa experiencia gozosa a los tres apóstoles que te acompañaban.

De esta forma nos enseñas que el paso por el sufrimiento y la cruz termina, si es a tu lado, en la gloria de la resurrección.

Ayúdanos a entender y vivir esas palabras de Pedro: ¡Qué bien se está aquí!

Y sobre todo que tengamos siempre presente la voz del Padre que nos dice: “Escuchadlo”.

Sí, queremos escuchar y vivir tu Palabra.

Son palabras de verdad y de vida, que nos señalan siempre el buen camino. Y si nos dejamos orientar por ellas, nos hacen mucho bien.

Amén.