Reflexión para EL VIERNES SANTO «2026»
La esperanza en la cruz:
«El AMOR más GRANDE»
03 DE ABRIL
En este Viernes Santo contemplamos a Jesús que carga con la cruz, que cae, que es levantado y que, finalmente, entrega su vida por amor. No es un sufrimiento vacío: «es un amor llevado hasta el extremo».
Guardemos silencio.
En ese silencio caben nuestras propias cruces, las heridas que llevamos por dentro, el dolor que a veces no sabemos expresar. También caben los sufrimientos del mundo: la injusticia, la soledad, el miedo.
A veces, cuando sufrimos o vemos a otros sufrir, podemos sentirnos sin esperanza. Todo parece oscuro, como aquel día en el Calvario.
Pero en medio de esa oscuridad, Jesús permanece. No huye del dolor, lo abraza y lo transforma. Nos muestra que Dios no está lejos del sufrimiento humano, sino dentro de él, acompañando, sosteniendo, amando.
Hoy no es un día de respuestas fáciles, sino de confianza. Porque incluso cuando todo parece perdido, el amor de Jesús sigue actuando en silencio.
Y ese amor, más fuerte que el dolor, más fuerte que la muerte; nunca nos abandona.
Ante el hecho de la Muerte de Jesús en la Cruz, ES LÓGICO PREGUNTARNOS:
- ¿Cómo es posible que Jesús, siendo el Hijo de Dios, siendo Dios hecho hombre, muera condenado por los hombres en una cruz?
- La Pasión de Jesús según San Juan pone de manifiesto que Jesús pudo evitar el sufrimiento, incluso el caer en manos de los que le perseguían. Cuando responde “Yo soy”, a los que iban “con antorchas y armas” a detenerle en el Huerto de los Olivos, todos “retrocedieron y cayeron a tierra”. Si pudo evitar la pasión y la muerte en cruz, ¿por qué no lo hizo?
- Incluso Pilato, antes de entregar a Jesús para que lo crucificaran, dijo: “Yo no encuentro en él ninguna culpa” (Jn 19,4). Y el centurión romano que fue testigo de la muerte de Jesús, al ver lo ocurrido, dice: “Realmente este hombre era justo” (Lc 23, 47). ¿Qué te sugieren estos testimonios? ¿Qué hay detrás de la muerte de un inocente como Jesús?
¡Qué bien si HACEMOS ORACIÓN ANTE JESÚS QUE MUERE EN LA CRUZ!
Señor Jesús, en este Viernes Santo celebramos un momento cumbre de la historia de la humanidad, y especialmente de la historia de nuestra fe cristiana: tu Pasión y tu Muerte en la Cruz. Tú que «pasaste por la vida haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal» (Hch. 10, 38), fuiste condenado a muerte como un malhechor. Por eso, nuestra celebración de esta tarde se llama: «Celebración de la Pasión del Señor». Y requiere hondo silencio y profunda contemplación.
Contemplación de tu Pasión y Muerte a la luz del evangelio de San Juan; y contemplación de tu Cruz para adorar el signo que nos identifica como cristianos.
¡Qué importante escuchar al pie de la Cruz las siete palabras que salen de tu boca tal como nos las transmiten los evangelios! Son oraciones que nos enseñan a orar en situaciones difíciles, a la luz de tu experiencia vivida a punto de morir:
- «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34).
- «En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23, 43).
- «Dijo a su madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu Hijo’. Luego dijo al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre’» (Jn 19, 26-27).
- «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27, 46 y Mc 15, 34).
- «Tengo sed» (Jn 19, 28).
- «Todo está cumplido» (Jn 19, 30).
- «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23, 46).
«Y dicho esto, expiró». Con otras palabras, «Inclinando la cabeza, entregó su espíritu». La imagen de Cristo muerto, colgado en la cruz de unos clavos envueltos en sangre, no puede menos de impresionarnos. Es el misterio de nuestra Redención. Dios hecho hombre muere en la cruz para dar a los hombres la esperanza de otra vida más allá de la muerte. Gracias, Señor Jesús. Enséñanos a contemplar este misterio de amor y ayúdanos a vivir con esta esperanza de vida eterna.
Amén.