IV Domingo de Pascua 2026

Primera lectura

Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles

(2, 14a. 36-41)

El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y declaró:
«Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».

Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:
«¿Qué tenemos que hacer, hermanos?»

Pedro les contestó:
«Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro».

Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo:
«Salvaos de esta generación perversa».

Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.

Salmo

El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mi,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro

(2, 20-25)

Queridos hermanos:

Que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien, eso es una gracia de parte de Dios.

Pues para esto habéis sido llamados, porque también Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas.

Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca.

Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; sufriendo no profería amenazas; sino que se entregaba al que juzga rectamente.

Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia.

Con sus heridas fuisteis curados.

Pues andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas.

Evangelio del día

Lectura del Santo Evangelio según San Juan

(10, 1-10)

En aquel tiempo, dijo Jesús:

«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

DOMINGO 26 DE ABRIL «PASCUA 2026»

¡JESÚS RESUCITÓ!

¡ÉL VIVE HOY!

Lectura del santo Evangelio según San Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús:

«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

Palabra de Dios.

Oración

Señor Jesús, en este domingo cuarto de Pascua nos dirigimos a ti, como Buen Pastor que conoces mejor que nadie a las ovejas de tu rebaño, la Iglesia, y has dado tu vida por ellas. En este momento de oración contigo queremos pedirte en primer lugar por todos nosotros, los cristianos, para que reconozcamos el amor que nos tienes, “nos conoces por el nombre”, como dice el evangelio, y quieres siempre lo mejor para nosotros. Ayúdanos, Señor, a estar atentos a tu voz y a seguirte en todo aquello que nos propone tu evangelio: “Mis ovejas escuchan mi voz y me siguen”.

Por ser domingo del Buen Pastor, celebramos hoy la jornada mundial de oración por las vocaciones. Ayúdanos, Señor Jesús, a comprender lo que esto significa para todos nosotros, porque hablar de vocación es hablar de todos y cada uno de los cristianos. Cada uno tenemos nuestra vocación. Hemos recibido una llamada de Dios para ejercer una misión en el mundo, siempre al servicio de los demás.

De una manera especial te pedimos hoy, Señor Jesús, por los pastores de la Iglesia que están llamados a prolongar tu misión de Buen Pastor en su quehacer pastoral. Te pedimos también, Señor Jesús, en esta jornada de oración por las vocaciones para que haya jóvenes cristianos dispuestos a acoger tu llamada y seguir la vocación sacerdotal. Sabemos por experiencia que tu llamada a una vocación va acompañada de las gracias necesarias para vivir con alegría la misión que nos encomiendas.

Señor Jesús, alimenta nuestro espíritu con tu Palabra. Queremos dejarnos guiar por la luz de tu verdad. Fortalece nuestra vida con el pan eucarístico que es tu Cuerpo para la vida del mundo. Aumenta nuestro amor a la eucaristía y ayúdanos a seguir tus pasos como buen Pastor. Que la celebración de este domingo nos llene de alegría y sepamos comunicarla a nuestros familiares y amigos. 

Amén.

ÉL SIGUE VIVO ENTRE NOSOTROS

PRUEBA DE ELLO...

Antonio Quintanilla de Yarto – (Toti)

Toti tiene 22 años.

Es seminarista y actualmente cursa 4º de Teología en la Facultad del Norte de España.

En este momento se encuentra en la parroquia de San Martín de Porres, donde es catequista de un grupo de 6º de primaria y de otro grupo de diversas edades que se preparan para la Confirmación. Además, coordina la pastoral de LifeTeen en la parroquia y acompaña al numeroso grupo de monaguillos.

También colabora en la pastoral de sordos y en la revista de liturgia dominical. Asimismo, trabajo los martes y miércoles en la Universidad de la Experiencia de la Facultad de Teología.

Como aficiones, le gusta el fútbol y el tenis; además de practicarlos, disfruta mucho viéndolos, al igual que la Fórmula 1. También le encanta la música, quizá más la de antes que la de ahora.

Es muy de su casa: le gusta traer gente y compartir la mesa, aunque también disfruta de vez en cuando de tomar algo en un bar con amigos.

Antonio Quintanilla de Yarto (Toti)

En este tiempo de Pascua en el que celebramos la Resurrección de Jesús, dinos si Jesús es para ti alguien que vive y te relacionas con él. ¿Quién es Jesús para ti?

¡Cristo vive! Esta es nuestra fe, y esto es lo que celebramos en el tiempo pascual. Pero no como un acontecimiento pasado que recordamos año tras año, sino como una realidad presente: Cristo vive hoy. Ha resucitado para salvar a los hombres.

Jesús es un amigo, EL AMIGO con mayúsculas. Es quien escucha, aunque no siempre hable o no siempre sepamos escucharle. Es también un juez justo: en el sacramento de la penitencia, quien se acerca como acusado siempre sale perdonado. Para mí, Jesús es todo misericordia.

Es mi vida, porque toda ella está orientada hacia Él: por amor, por el amor que le tengo, pero sobre todo porque Él me ha amado primero

¿En qué momentos y cómo se manifiesta esa relación que tienes con Jesús o esa relación de Jesús contigo?

Mi relación con Jesús se da principalmente a través de la oración: el Señor habla al corazón. Se me quedó grabada la frase que dice: «el corazón es el sagrario del hombre». Es el lugar donde se escucha la conciencia, la voz de Dios que susurra y guía hacia la meta de la santidad.

Dios también se manifiesta en las miradas. A veces, en la mirada de otras personas se puede percibir la presencia de Dios.

Mi encuentro con Dios se da muchas veces en conversaciones con otros, en las que Jesús introduce su voz para hablar conmigo. Son diálogos en los que, de algún modo, se hace presente Dios.

En tu opinión, ¿Cuáles pueden ser hoy buenos signos externos que muestren a los demás nuestra fe en que Jesús resucitó y vive?

Aunque se repita mucho y pueda sonar cursi, diría que el signo más importante es el AMOR, en mayúsculas. El amor es el signo visible e invisible que lleva a los hombres a acercarse a Jesús. Dios nos ha amado primero, y su amor es como un imán que nos atrae. En la medida en que sepamos amar como Él, seremos capaces de acercar a otros a ese amor.

¿Y cómo se concreta ese amor?

En la ayuda a los más necesitados: no solo a los pobres, sino también a las personas solas, a quienes sufren, muchos de ellos dentro de nuestras propias parroquias. También en la oración por las personas que amamos y por aquellas con las que compartimos el camino, pero sobre todo por quienes no nos resulta fácil amar. Ahí está el mayor amor de Jesús.

Amando así, podremos mostrar al mundo que Jesús vive hoy.

¿Qué le dirías a uno que no cree en esta verdad de fe: no cree que Jesús, como hombre que fue igual que nosotros, resucitó y vive?

Siempre que me hacen esta pregunta, incluso personas de parroquia, me viene a la mente la imagen de los apóstoles: personajes históricos, hombres como nosotros, pecadores como nosotros, que no entendieron plenamente el mensaje de Jesús.

Ellos lo traicionaron y lo abandonaron. Pero algo ocurrió, algo cambió en sus vidas: pasaron de huir por miedo a dar la vida por Él con valentía. Y no fue simplemente porque conocieran a Jesús, ya le conocían, era su maestro, y aun así le abandonaron. Lo que cambió todo fue el encuentro con Jesús resucitado.

Ese encuentro marcó un antes y un después en sus vidas. Y ese acontecimiento es real.

Hoy, Jesús sigue actuando a través de los miembros de la Iglesia, salvando innumerables vidas: personas que estaban “muertas en vida” y que ni la psicología, ni la ciencia, ni tantas otras cosas que ofrece el mundo han logrado transformar. Ahí está Dios.

Muchas veces, por desgracia, Dios aparece al final del camino, después de haber probado todo lo demás. Qué hermoso sería que todos pudieran encontrarse con Él desde el principio, ahorrándose tantas heridas.

Como decía San Agustín: «Tarde te amé».

III Domingo de Pascua 2026

Primera lectura

Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles

(2, 14. 22-33)

El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró:
«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras.

A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él:

“Veía siempre al Señor delante de mí,
pues está a mi derecha para que no vacile.
Por eso se me alegró el corazón,
exultó mi lengua,
y hasta mi carne descansará esperanzada.

Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos,
ni dejarás que tu Santo experimente corrupción.
Me has enseñado senderos de vida,
me saciarás de gozo con tu rostro”.

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

Salmo

Señor, me enseñarás el sendero de la vida

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R/.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos,
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro

(1, 17-21)

Queridos hermanos:

Puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras de cada uno, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación, pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios.

Evangelio del día

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas

(24, 13-35)

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».

Él les dijo:
«¿Qué?».

Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.

Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

DOMINGO 19 DE ABRIL «PASCUA 2026»

¡JESÚS RESUCITÓ!

¡ÉL VIVE HOY!

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».

Él les dijo:
«¿Qué?».

Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.

Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra de Dios.

Oración

Señor Jesús, los cristianos no somos seguidores de una idea, sino de una persona que eres tú mismo Resucitado, que te haces presente en el camino de nuestra vida como lo hiciste en el camino de aquellos dos discípulos de Emaús. Tú nos conoces, Señor, y te interesas por nuestro estado de ánimo. Cuando nos encontramos entristecidos y parece que nos falla la esperanza, nada mejor que acudir a tu palabra del Evangelio. Tiene valor de eternidad y es capaz de reanimarnos como ocurrió entonces: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”. Jesús, confiamos en ti.

Señor Jesús, creemos que te haces presente entre nosotros, sobre todo en el momento de la celebración de la Eucaristía. Como les ocurrió a aquellos dos discípulos de Emaús, “Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron al partir el pan”. Y añade el texto: “Pero él desapareció de su vista”. Está claro que se refiere a la Eucaristía. Tampoco nosotros, cuando participamos en la misa, te vemos físicamente. Pero creemos que estás presente en el pan y el vino consagrados. Aumenta, Señor, nuestra fe. Ayúdanos a creer. Te pedimos también por muchos cristianos que no participan en la Eucaristía para que descubran tu presencia en la misa.

Señor Jesús, los dos discípulos de Emaús, recuperada la esperanza, volvieron a Jerusalén para encontrarse con sus hermanos en la fe. Gracias, Señor Jesús, porque a través de este evangelio nos muestras que no podemos vivir la fe cristiana en solitario, sino en comunidad, formando parte de la Iglesia. De hecho, “encontraron reunidos a sus compañeros, que estaban diciendo: ‘Es verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón’”. 

Señor Jesús, ayúdanos a descubrir tu presencia en el camino de la vida, en la palabra del evangelio, en la fracción del pan (la misa) y en la comunidad de hermanos en la fe. Las cuatro formas de tu presencia están muy claras en el evangelio de hoy. Ayúdanos a descubrirlas y a revitalizar nuestra relación contigo. 

Amén.

ÉL SIGUE VIVO ENTRE NOSOTROS

PRUEBA DE ELLO...

Carla López Salvador

Carla tiene 30 años.

Trabaja en la Residencia de la Junta de Fuentes Blancas como terapeuta ocupacional y actualmente está finalizando sus estudios de Doctorado en Ciencias de la Salud.

Pertenece a la parroquia de San Pedro de la Fuente donde es catequista del último año de confirmación, coordina el grupo de adolescentes de la misma parroquia dirigido a jóvenes de 13 a 18 años, es miembro del coro y forma parte del consejo parroquial.

Fuera de la parroquia también forma parte del Secretariado para la Pastoral de las Personas con Discapacidad (SEDISBUR).

Entre sus aficiones, se encuentra la música y el deporte; especialmente la natación, disciplina en la que compitió cuando era pequeña.

Carla López Salvador

Durante ocho años ha realizado voluntariado con personas con discapacidad intelectual; colectivo con el que posteriormente ha tenido la oportunidad de trabajar profesionalmente reforzando así su vocación y compromiso social.

Asimismo, le encanta viajar y descubrir nuevos lugares, culturas y experiencias, aunque valora especialmente sus raíces, disfrutando de las fiestas y tradiciones de Burgos como integrante de una de sus peñas, donde comparte momentos muy especiales junto a su familia y amigos. 

En este tiempo de Pascua en el que celebramos la Resurrección de Jesús, dinos si Jesús es para ti alguien que vive y te relacionas con él. ¿Quién es Jesús para ti?

Para muchas personas, la figura de Jesús se percibe como la de un personaje histórico, alguien del pasado que aparece en la Biblia y cuyo modo de pensar puede parecer hoy lejano o incluso anticuado.

«Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre», así lo describen las Escrituras.

Para mí, además, es un amigo y un modelo de vida: alguien a quien aspiro a parecerme, al igual que a mis padres, amigos, compañeros de trabajo y otras personas que considero referentes. Su mensaje, basado en el amor, el perdón y la solidaridad con los más desfavorecidos, nos ofrece las claves para ser mejores personas en nuestro día a día.

Podríamos decir que Jesús fue un «influencer» de su tiempo, ya que su forma de vivir y sus enseñanzas han influido y siguen influyendo, en millones de personas a lo largo de la historia.

¿En qué momentos y cómo se manifiesta esa relación que tienes con Jesús o esa relación de Jesús contigo?

Se manifiesta en la Eucaristía de los domingos, en mi compromiso con los niños de catequesis y los adolescentes, en mi trabajo y en los momentos de dificultad y enfermedad.

También, durante los ratos de oración. Intento rezar ayudándome del Evangelio. Aunque, siendo sincera, me cuesta encontrar un momento de silencio durante el día, porque siempre estoy pendiente de muchas cosas. Por eso, cuando me pasa algo importante, paro un momento, cierro los ojos y lo digo en voz alta; así siento que Dios me escucha.

Me acuerdo de como al principio, cuando empecé como catequista, me daba más vergüenza hablar con las personas de mi entorno sobre mi fe, pero ahora ya lo hago con naturalidad.

En tu opinión, ¿Cuáles pueden ser hoy buenos signos externos que muestren a los demás nuestra fe en que Jesús resucitó y vive?

Intento que lo que creo se note en mis acciones del día a día:

En casa, con mi familia, trato de ser paciente y ayudar en lo que puedo.

En mi trabajo, con mis compañeros y residentes, intento ser respetuosa, cercana y actuar con responsabilidad.

Y con mis amigos, procuro ser una persona en la que puedan confiar y con la que se sientan bien.

¿Qué le dirías a uno que no cree en esta verdad de fe: no cree que Jesús, como hombre que fue igual que nosotros, resucitó y vive?

Es difícil de entender la Resurrección para una persona no creyente, puesto que no es algo que se pueda demostrar como algo científico.

Yo no le presionaría a hablar del tema pero, si se diera la oportunidad, le invitaría a preguntarse qué es lo que mueve a tantos misioneros, sacerdotes y laicos a dedicarse por completo a esa vocación encomendada si no estuviera por debajo la fe en Jesús.

¿Qué les hace seguir adelante, si no es la esperanza de que Jesús está vivo y acompaña su vida?

Creo que «todos nacemos con una misión en el mundo», pero depende de cada uno poner a Dios en el centro de su vida.

ENTREGA DE LOS SANTOS ÓLEOS 2026

En la mañana del miércoles 15 de abril una sencilla paraliturgia, en la iglesia de San Pedro de la Fuente, ha servido de marco para la entrega de los Santos Óleos a las parroquias del Arciprestazgo de Burgos-Vena.

Estos óleos: Óleo de los Catecúmenos, Óleo de los Enfermos y el Santo Crisma; fueron bendecidos y repartidos a cada Arcipreste por el arzobispo emérito, Mons. Fidel Herráez el pasado Miércoles Santo durante la misa crismal celebrada en la Catedral.

Estos serán utilizados a lo largo del año en los distintos sacramentos: Bautismo, Confirmación, Orden sacerdotal y Unción de los enfermos.

II Domingo de Pascua 2026

Primera lectura

Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles

(2, 42-47)

Los hermanos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.

Todo el mundo estaba impresionado, y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos. Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.

Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando.

Salmo

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R/.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro

(1, 3-9)

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva; para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo a vosotros, que, mediante la fe, estáis protegidos con la fuerza de Dios; para una salvación dispuesta a revelarse en el momento final.

Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un Poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas.

Evangelio del día

Lectura del Santo Evangelio según San Juan

(20, 19-31)

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».

Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:
«Señor mío y Dios mío!».

Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

DOMINGO 12 DE ABRIL «PASCUA 2026»

¡JESÚS RESUCITÓ!

¡ÉL VIVE HOY!

Lectura del santo Evangelio según San Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».

Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:
«Señor mío y Dios mío!».

Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra de Dios.

Oración

Señor Jesús, después de siete días seguimos celebrando con alegría el hecho más grandioso que ha ocurrido en la historia de la humanidad. Tu Cuerpo muerto, que fue depositado en el sepulcro de Jerusalén, “resucitó al tercer día y vive”. Es el acontecimiento más importante de nuestra fe, que se fundamenta en un hecho acreditado por la palabra y la vida de los que fueron testigos de tu presencia como Resucitado: “A este Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo resucitó, de lo cual todos nosotros somos testigos”.

El evangelio de hoy nos permite situarnos en la tarde-noche de aquel primer día de la semana en que tú te hiciste presente entre tus discípulos. Gracias, Jesús, porque has querido hacerte visible en medio de tus discípulos cuando estaban reunidos. Gracias porque les has enseñado las manos y el costado para que se convencieran de que eres tú mismo en persona, el crucificado que has resucitado. Gracias porque el saludo de paz que les repites hasta tres veces en el evangelio de hoy, es también para nosotros: “Paz a vosotros”. Con este deseo de paz, queremos unirnos hoy a la oración de toda la Iglesia por la paz en el mundo.

Gracias, Señor Jesús, porque, a través del apóstol Tomás, prototipo del hombre descreído de nuestro tiempo, nos diriges una amable corrección que nos hace mucho bien: “No seas incrédulo, sino creyente”. Y nos alegra recibir tus palabras de bienaventuranza: “Bienaventurados los que crean sin haber visto”. Gracias, Señor Jesús, porque este evangelio ha sido escrito “para que creamos que tú eres el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengamos vida en tu nombre”.

Hoy, domingo de la misericordia, “damos gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”. Como bien dijo el Papa Francisco en el título de uno de sus libros, “El nombre de Dios es Misericordia”. Cierto, el mensaje central del evangelio es amor y misericordia. ¡Dios de misericordia infinita! Acrecienta en nosotros los dones de tu gracia. Ayúdanos a vivir la fe, la esperanza y el amor. Jesús Resucitado, ten misericordia de nosotros que confiamos en ti.

Amén.

ÉL SIGUE VIVO ENTRE NOSOTROS

PRUEBA DE ELLO...

Elvira Josefina Pedroza Domínguez

Elvira es de Venezuela.

Trabaja con personas mayores dependientes, vive en el barrio desde hace tres años, está casada y tiene tres hijos.

Se encuentra vinculada a la Parroquia de San Pedro de la Fuente, como catequista de niños de Comunión, es integrante de la Medalla Milagrosa, pertenece al grupo de Evangelización y es miembro de la Cofradía de la Oración en el Huerto y Ntra. Señora de los Dolores.

Elvira Pedroza Domínguez

En este tiempo de Pascua en el que celebramos la Resurrección de Jesús, dinos si Jesús es para ti alguien que vive y te relacionas con él. ¿Quién es Jesús para ti?

Estoy completamente segura de que Jesús vive y está presente en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía y en mi vida. Y sí que tengo una estrecha relación con él.

Jesús para mí, es el centro de mí vida, es todo: mí Dios hecho carne, el salvador del mundo, es mí fuerza, es mi paz, es mí esperanza, es mí guía, es mí refugio, es mí razón para vivir. Jesús por ser mí Padre, es un amigo muy cercano, con quien puedo conversar íntimamente desde el corazón. Jesús es mi gran Maestro, porque nos enseña, a través de su palabra, a amar, a perdonar, a ser humildes de corazón, generosos, y a ser portadores de su palabra.

¿En qué momentos y cómo se manifiesta esa relación que tienes con Jesús o esa relación de Jesús contigo?

El principal momento de mí relación con Jesús, comienza con la ORACIÓN, ese dialogo amoroso, del que habla Santa Teresa de Licieux, a primera hora de la mañana y seguidamente con la escucha y meditación del Evangelio del día. Asimismo, realizo otra ORACIÓN, en una hora del día, al Sagrado Corazón de Jesús. Y antes de dormir, es el último dialogo del día con Jesús. Los otros momentos en que se manifiesta mi relación con Jesús es en, todas mis actividades diarias, tanto en el hogar como en el trabajo; como consuelo y compañía en los momentos de dificultad o enfermedad de mi familia y amigos; en el servicio y amor al prójimo; y en la lectura de su Palabra, ya que, a través de ella, Jesús me habla y me guía.

 Al responder cómo se manifiesta Jesús, en mi relación con él, escribiría un libro, ya que Jesús no sólo se manifiesta en las cosas extraordinarias que me suelen ocurrir, sino, en lo más profundo de mi corazón; cuando siento una paz interior en medio de circunstancias difíciles; haciéndome más paciente o compasiva, amorosa, bondadosa, cuando doy un perdón, aunque me cueste, esta transformación interior también es una forma en la que Jesús se manifiesta en mí. Muchas veces, en personas que me ayudan, me animan con palabras de aliento o que aparecen justo cuando más lo necesito. Ahí puedo percibir el amor de Jesús.

Por otra parte, Jesús se manifiesta en una certeza interior muy profunda, de que no estoy sola, de que hay alguien caminando conmigo, guiándome y sosteniéndome incluso cuando no lo veo claramente.

En tu opinión, ¿Cuáles pueden ser hoy buenos signos externos que muestren a los demás nuestra fe en que Jesús resucitó y vive?

En mi opinión estos pueden ser algunos signos que demuestran nuestra fe en Jesús resucitado y vivo:

  • El Amor: No es suficiente decir que creemos en Jesús Resucitado, sino demostrarlo ayudando, sirviendo, y estando dispuestos para quienes más nos necesiten. Demostrando un buen trato a las personas.
  • La Paz interior: Para mí es un signo muy fuerte, porque esta paz permanece incluso en medio de circunstancias difíciles, eso demuestra que mi esperanza no depende de ellas, sino de que Jesús está vivo.
  • El Perdón: Cuando hay capacidad de perdonar de verdad, ya que no es algo fácil. Cuando alguien ve que yo he perdonado a una persona, puede presentir que hay algo más grande en mí: la presencia de Jesús vivo.
  • Una vida coherente: Es decir, una forma de vivir que refleje lo que creo, mis valores, mi forma de actuar, no se trata de ser perfectos, sino de intentar vivir según el Evangelio cada día.
  • Compartir la fe sin miedo: Es decir, hablar de Jesús con naturalidad, dar testimonio cuando surge la oportunidad, sin imponer, pero sin avergonzarme. Si de verdad creo que él vive, debería demostrarse en lo que digo.
  • La Esperanza: Demostrar que, pase lo que pase, confío en que Jesús tiene la última palabra. Sin pesimismo.
  • La Oración constante y el testimonio público: Es un signo muy importante, ya que a través de ella nos comunicamos diariamente con Jesús, al levantarnos, al bendecir la mesa, en cualquier hora del día, asistiendo a misa, haciendo la señal de la cruz, bendiciendo a nuestros hijos, al acostarnos, confesándonos y haciendo una vida en Oración comunitaria, participando en la vida de la Iglesia, demuestra que la fe está viva.

¿Qué le dirías a uno que no cree en esta verdad de fe: no cree que Jesús, como hombre que fue igual que nosotros, resucitó y vive?

En primer lugar, le hablaría con respeto y cercanía, sin imponer.

Le compartiría que mí fe no se basa sólo en lo que me han enseñado, sino en una experiencia personal. Le explicaría que, para mí, Jesús no es alguien del pasado, sino alguien vivo que ha transformado mi manera de pensar, de actuar, de amar y de enfrentar la vida. Que en momentos difíciles he sentido paz, fuerza y esperanza de una forma que no puedo explicar.

También le diría que mí fe, en que Jesús resucitó, no es solo una creencia, sino un hecho que cambió la historia y la vida de millones de personas.

Y por otra parte, le invitaría a abrirse un poco, a la posibilidad de experimentar que Jesús cambia nuestra vida.

VIGILIA PASCUAL 2026

La parroquia celebró con gran solemnidad la Vigilia Pascual en la noche del sábado 4 de abril, víspera del Domingo de Resurrección, uno de los momentos más significativos del calendario litúrgico cristiano.

La celebración comenzó en el exterior de la Iglesia con la bendición del fuego nuevo y el encendido del Cirio Pascual, símbolo de Cristo resucitado, la luz que vence a las tinieblas. 

Los fieles, portando sus velas, participaron con recogimiento en este rito inicial, que dio paso a la procesión hacia el interior de la Iglesia, iluminada progresivamente por la luz compartida entre todos.

A lo largo de la Liturgia de la Palabra, se realizaron 5 lecturas, 4 de ellas del Antiguo Testamento y 1 del Nuevo Testamento, así como, el Evangelio de San Marcos.

La comunidad parroquial siguió con atención cada uno de estos momentos acompañados por cantos que realzaron la celebración.

Uno de los momentos más especiales de la noche fue la liturgia bautismal, en la que se bendijo el agua y los fieles renovaron sus promesas bautismales, reafirmando su fe y compromiso cristiano. La alegría y la esperanza se hicieron especialmente visibles en este acto comunitario.

La Vigilia Pascual, marcó así el paso de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida, llenando de gozo a todos los presentes.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

¡FELIZ PASCUA DEL RESUCITADO!

Al amanecer del tercer día; las mujeres entre ellas María la Magdalena fueron al sepulcro y vieron la piedra quitada.

(Jn 20, 1-9)

No temáis, ya se que buscáis a Jesús el crucificado.

No está aquí: ¡ha resucitado!

Por la resurrección de Jesucristo, ha vuelto la Gloria, la Luz, la Esperanza, la Vida a cuantos creemos en Él  y en Él confiamos. 

¡Feliz Pascua de Resurrección!

DOMINGO DE RESURRECCIÓN 2026

Primera lectura

Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles

(10, 34a. 37-43)

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

«Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.

Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».

Salmo

Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R/.

«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Colosenses

(3, 1-4)

Hermanos:

Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.

Evangelio del día

Lectura del Santo Evangelio según San Juan

(20, 1-9)

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.