DEL ENTUSIASMO AL RECHAZO: «La paradoja del Domingo de Ramos»

DOMINGO DE RAMOS

29 DE MARZO

Lo que más llama la atención en el domingo de Ramos es el paso del entusiasmo de la multitud al entrar Jesús en Jerusalén a la condena de muerte en cruz por esa misma multitud que grita al gobernador romano, Poncio Pilato “¡Crucifícalo, crucifícalo!”.

Así lo recordamos hoy en la liturgia de este domingo. El evangelio que precede a la procesión de los ramos parece adelantarnos lo que va a ser el final de esta historia de Semana Santa: la alegría y la esperanza de la resurrección de Jesús.

El Domingo de Ramos es el preludio de toda la Semana Santa que tiene las dos caras de la moneda: muerte y resurrección, sufrir y gozar. Así es la vida.

Así lo nos lo dice la 2ª lectura de San Pablo: “Jesús, siendo de condición divina, se despojó de sí mismo… y se humilló hasta una muerte en cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo… de modo que toda lengua proclame: Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre”.

El evangelio de hoy nos cuenta la pasión y muerte de Jesús para que tengamos presente en estos días de Semana Santa lo mucho que sufrió Jesús para realizar el misterio de nuestra salvación.

De hecho, esa acusación que le hacen unos y otros en tono de burla en el calvario: “Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz… Baja ahora de la cruz y creeremos en ti”, tiene como respuesta, por un lado, el silencio de Jesús –podía haber mostrado su poder divino-, y por otro lado, las palabras del centurión romano que, asombrado ante la actitud de Jesús sin el más mínimo reproche y perdonando a sus perseguidores, confiesa abiertamente su fe al pie de la cruz: “Verdaderamente este era Hijo de Dios”.

PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN:

  1. ¿Quiénes acompañan a Jesús en el domingo de Ramos y en el camino del Calvario hasta la Cruz? ¿Por qué? ¿Qué les mueve a unos y a otros?
  2. ¿Por qué Jesús guardó silencio ante las injurias y humillaciones que recibió en la pasión y antes de morir en la cruz?

ORACIÓN:

Dios Padre de misericordia, tú hiciste que nuestro Salvador se encarnase en nuestra carne mortal y soportara el suplicio de la pasión y muerte en cruz.

Concédenos tu gracia para que celebremos con fe y devoción los misterios de la Semana Santa.

Ayúdanos, Señor Jesús, a contemplar tu ejemplo de humildad y de silencio ante las injurias y reproches que te hacen cuando estás clavado en la cruz.

Y concédenos aprender las enseñanzas de tu pasión y muerte y participar así de tu gloriosa resurrección.

Amén.

VIERNES DE DOLORES 2026

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías

(20, 10-3)

Oía la acusación de la gente:
«“Pavor-en-torno”,
delatadlo, vamos a delatarlo».

Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si, engañado, lo sometemos
y podemos vengarnos de él».

Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes.

Acabarán avergonzados de su fracaso,
con sonrojo eterno que no se olvidará.

Señor del universo, que examinas al honrado
y sondeas las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos,
pues te he encomendado mi causa!

Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libera la vida del pobre
de las manos de gente perversa.

Salmo

En el peligro invoqué al Señor, y él me escuchó

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R/.

Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R/.

Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte. R/.

En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos. R/.

Evangelio del día

Lectura del Santo Evangelio según San Juan

(10, 31-42)

En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.

Él les replicó:
«Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».

Los judíos le contestaron:
«No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios».

Jesús les replicó:
«¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre».

Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.

Muchos acudieron a él y decían:
«Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad».

Y muchos creyeron en él allí.

ESCAPE ROOM: «SALVA LA SEMANA SANTA» 2026

Una invitación enviada por WhatsApp alertaba hace unas semanas a nuestros chicos y chicas del último curso de confirmación sobre una pista que pondría en jaque la celebración de nuestra Semana Santa.

Divididos en dos fines de semana; un nuevo grupo de confirmandos decidió sumergirse de lleno en este tiempo de Pasión demostrando sus dotes detectivescas.

Ayudados de nuestros monitores; iban superando pruebas hasta acabar resolviendo esta actividad que cada curso es un éxito de participación en nuestra parroquia.

Un innovador y emocionante juego en forma de Escape Room que de forma lúdica y didáctica permite a nuestros adolescentes explorar todos los rincones de nuestra Iglesia.

Seguramente las fotos os den la solución; pero deciros que gracias a su ingenio, trabajo en equipo y determinación nuestros participantes consiguieron escapar una vez más y culminar con éxito la misión.

Todo esto no sería posible sin el trabajo ingente de nuestros catequistas y jóvenes.

¡Gracias a todos por la implicación y participación!

¡Nos vemos en el próximo!

V Domingo de Cuaresma 2026

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel

(37, 12-14)

Esto dice el Señor Dios:
«Yo mismo abriré vuestros sepulcros,
y os sacaré de ellos, pueblo mío,
y os llevaré a la tierra de Israel.
Y cuando abra vuestros sepulcros
y os saque de ellos, pueblo mío,
comprenderéis que soy el Señor.
Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis;
os estableceré en vuestra tierra
y comprenderéis que yo, el Señor, lo digo y lo hago
—oráculo del Señor—».

Salmo

Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz,
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R/.

Si llevas cuentas de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto. R/.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora. R/.

Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos

(8-8-11)

Hermanos:
Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

Evangelio del día

Lectura del Santo Evangelio según San Juan

(11, 3-7. 17. 20-27. 33-45)

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo:
«Señor, el que tú amas está enfermo».
Jesús, al oírlo, dijo:
«Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba.
Solo entonces dijo a sus discípulos:
«Vamos otra vez a Judea».
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús:
«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».
Jesús le dijo:
«Tu hermano resucitará».
Marta respondió:
«Sé que resucitará en la resurrección en el último día».
Jesús le dijo:
«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».
Ella le contestó:
«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».
Jesús se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó:
«¿Dónde lo habéis enterrado?».
Le contestaron:
«Señor, ven a verlo».
Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:
«¡Cómo lo quería!».
Pero algunos dijeron:
«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».
Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús:
«Quitad la losa».
Marta, la hermana del muerto, le dijo:
«Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días».
Jesús le replicó:
«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»
Entonces quitaron la losa.
Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».
Y dicho esto, gritó con voz potente:
«Lázaro, sal afuera».
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:
«Desatadlo y dejadlo andar».
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

LÁZARO: ¡SAL FUERA!

DOMINGO 5º DE CUARESMA

22 DE MARZO

Lo más importante del evangelio de este domingo es sin duda el hecho milagroso que nos cuenta. Jesús, con la fuerza divina de su palabra, devuelve a la vida el cuerpo ya difundo de su amigo Lázaro. Dentro del evangelio la frase más importante es sin duda cuando Jesús dice a Marta, la hermana de Lázaro: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”. Son afirmaciones rotundas que merecen credibilidad por lo que hace a continuación: resucitar a un muerto de cuatro días. Algo increíble, y sin embargo es verdad. No es una parábola.

La lectura atenta del evangelio nos permite conocer las dos motivaciones de Jesús para realizar el milagro. La primera, lo dice Jesús al principio: Servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”; y al final: “¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?”. Por tanto, la primera motivación es dar gloria a Dios. Y la segunda es ayudar a que la gente crea en él. Lo dice también expresamente: “Me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis”. Y al final lo repite: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado; lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. De hecho, termina el evangelio diciendo: “Muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él”.

El evangelio pone también de manifiesto lo mucho que amaba Jesús a esta familia de los tres hermanos: “Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro”. Cuando ve Jesús a Marta y a María como les duele la muerte de su hermano, “Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:‘Cómo lo quería’”. Jesús es un buen amigo.

PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN:

  1. Para comprobar la verdad de este hecho milagroso, te invito a que leas lo que sigue a continuación en el mismo cap. 11. ¿Qué consecuencias tuvo?
  2. ¿Qué diferencia hay entre la resurrección de Lázaro y la resurrección de Jesús?

ORACIÓN:

Señor Jesús, gracias porque este evangelio alimenta mi fe y fortalece mi esperanza.

Creo en ti como Dios hecho hombre que puedes y quieres devolvernos la vida cuando nos sentimos agobiados y sin ánimo para seguir adelante.

Creo, Señor, pero aumenta mi fe. Tus palabras nos dan el significado de este milagro: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá”.

Tu victoria sobre la muerte nos toca también a nosotros. Estamos llamados a la resurrección gloriosa y a vivir para siempre con Dios en el cielo.

Como dice San Pablo en la 2º lectura, “si el Espíritu de Dios habita en vosotros… también dará vida a vuestros cuerpos mortales”.

Amén.

IV Domingo de Cuaresma 2026

Primera lectura

Lectura del primer libro de Samuel

(16, 1b. 6-7. 10-13a)

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel:
«Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí».
Cuando llegó, vio a Eliab y se dijo:
«Seguro que está su ungido ante el Señor».
Pero el Señor dijo a Samuel:
«No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, más el Señor mira el corazón».
Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé:
«El Señor no ha elegido a estos».
Entonces Samuel preguntó a Jesé:
«¿No hay más muchachos?».
Y le respondió:
«Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño».
Samuel le dijo:
«Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa mientras no venga».
Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel:
«Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este».
Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.

Salmo

El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mi,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por los años sin término. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios

(5, 8-14)

Hermanos:
Antes erais tinieblas, pero ahora, sois luz por el Señor.
Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas.
Pues da vergüenza decir las cosas que ellos hacen a ocultas. Pero, al denunciarlas, la luz las pone al descubierto, descubierto es luz.
Por eso dice:
«Despierta tú que duermes,
levántate de entre los muertos
y Cristo te iluminará».

Evangelio del día

Lectura del Santo Evangelio según San Juan

(9, 1. 6-9. 13-17. 34-38)

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento.
Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:
«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)».
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
«¿No es ese el que se sentaba a pedir?».
Unos decían:
«El mismo».
Otros decían:
«No es él, pero se le parece».
El respondía:
«Soy yo».
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
Él les contestó:
«Me puso barro en los ojos, me lavé y veo».
Algunos de Los fariseos comentaban:
«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado».
Otros replicaban:
«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?».
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?».
Él contestó:
«Que es un profeta».
Le replicaron:
«Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?».
Y lo expulsaron.
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
«¿Crees tú en el Hijo del hombre?».
Él contestó:
«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».
Jesús le dijo:
«Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».
Él dijo:
«Creo, Señor».
Y se postró ante él.

DEL BARRO A LA LUZ

DOMINGO 4º DE CUARESMA

15 DE MARZO

El evangelio de hoy nos cuenta con mucho detalle el milagro por el que Jesús curó a un ciego de nacimiento: “Hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: ‘Ve a lavarte a la piscina de Siloé’. Él fue, se lavó, y volvió con vista”. Lo importante de este signo es su significado. Comienza diciendo: “Yo soy la luz del mundo”. A lo largo de este relato evangélico, Jesús nos va mostrando en la persona del ciego que hay otra luz interior igualmente importante que es la luz de la fe. El ciego curado creyó primero en Jesús como un profeta. Después creyó en su origen divino: “Si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder”. Y finalmente hace una afirmación de fe ante Jesús, Dios hecho hombre: “Jesús le preguntó: ¿Crees tú en el Hijo del hombre? Él contestó: ¿Y quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: El que está hablando contigo, ese es. Él dijo: ‘Creo, Señor’. Y se postró ante él”. Una forma de decirnos que reconoce a Jesús como Dios, el Señor. Ahora el ciego curado ve también con los ojos de la fe.

El evangelio señala una tremenda paradoja que es muy frecuente. Los que dicen ver y se obstinan en sus prejuicios, están ciegos porque no ven la verdad de los hechos. En cambio, el ciego de nacimiento que antes no veía, es el que ve la verdad con los ojos de la fe. “Jesús dijo: He venido a este mundo para que los que no ven, vean; y los que ven, se queden ciegos”.

San Pablo nos hace ver en la 2ª lectura que también nosotros somos luz en el Señor porque participamos de la luz que es Cristo: “Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas”.

PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN:

  1. El ciego de nacimiento representa para nosotros la llamada a ir adquiriendo y haciendo crecer en nuestra vida los ojos de la fe. ¿Qué tengo que hacer para ello?

  2. “Vivid como hijos de la luz”. ¿Cómo? “La bondad, justicia y verdad son fruto de la luz”. Esto es ser luz para mí y para los demás. ¿Cómo se lleva a la práctica?

ORACIÓN:

Señor Jesús, a través de este evangelio nos enseñas que no solo necesitamos los ojos de la cara para ver el mundo que nos rodea, sino también los ojos de la fe para descubrir la verdad de nuestro interior donde tú habitas, y descubrir tu presencia en la Palabra del evangelio, en el pan consagrado de la Eucaristía, en el prójimo necesitado, en el hermano con quien convivo, en la comunidad de la Iglesia.

Como el ciego de nacimiento, yo también te digo hoy: “Creo, Señor Jesús”. Y te pido que aumentes mi fe.

Enséñanos, Señor Jesús, a vivir como hijos de la luz, poniendo de manifiesto en nuestra vida la bondad, la justicia y la verdad, y denunciando las obras de las tinieblas que son justo lo contrario, la maldad, la injusticia y la mentira.

Amén.

MI PRIMERA CONFESIÓN ‘2026’

«Tus pecados son perdonados»

En la tarde del pasado lunes 09 de marzo; 15 niños y niñas que van a recibir este año en el mes de mayo la Primera Comunión se han acercado por primera vez al sacramento de la reconciliación.

Don Gabriel presidió el acto penitencial, explicando al principio del mismo la importancia de este sacramento que iban a recibir los niños por primera vez.

Don Ricardo y Don Santiago nos acompañaron en esta ocasión.

¿Quién es nuestro Buen Pastor?

Jesús

Así es, Él es nuestro Buen Pastor.

Él nos quiere y se interesa por cada uno de nosotros (sus ovejas); incluso cuando alguna se pierde y se desvía del camino, protegiéndola de cualquiera que intente hacerla daño.

Jesús camina a nuestro lado, por eso no debemos tener miedo.

Él lo da TODO, por sus amigos incluso cuando le hemos fallado.

Asimismo, los niños y niñas de todos los grupos de confirmación tendrán su correspondiente celebración penitencial en la tarde del miércoles, 11 de marzo.

III Domingo de Cuaresma 2026

Primera lectura

Lectura del libro del Éxodo

(17, 3-7)

En aquellos días, el pueblo, sediento, murmuró contra Moisés, diciendo:
«¿Por qué nos has sacado de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?».
Clamó Moisés al Señor y dijo:
«¿Qué puedo hacer con este pueblo? Por poco me apedrean».
Respondió el Señor a Moisés:
«Pasa al frente del pueblo y toma contigo algunos de los ancianos de Israel; empuña el bastón con el que golpeaste el Nilo y marcha. Yo estaré allí ante ti, junto a la roca de Horeb. Golpea la roca, y saldrá agua para que beba el pueblo».
Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y llamó a aquel lugar Masá y Meribá, a causa de la querella de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo:
«¿Está el Señor entre nosotros o no?».

Salmo

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R/.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos

(5, 1-2. 5-8)

Hermanos:
Habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por el cual hemos obtenido además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.
En efecto, cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros.

Evangelio del día

Lectura del Santo Evangelio según San Juan

(17, 1-9)

En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
«Dame de beber».
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:
«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).
Jesús le contestó:
«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».
La mujer le dice:
«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».
Jesús le contestó:
«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».
La mujer le dice:
«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».
Él le dice:
«Anda, llama a tu marido y vuelve».
La mujer le contesta:
«No tengo marido».
Jesús le dice:
«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».
La mujer le dice:
«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».
Jesús le dice:
«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».
La mujer le dice:
«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».
Jesús le dice:
«Soy yo, el que habla contigo».
En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».
La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:
«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».
Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían:
«Maestro, come».
Él les dijo:
«Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis».
Los discípulos comentaban entre ellos:
«¿Le habrá traído alguien de comer?».
Jesús les dice:
«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.
¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.
Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».
Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».