DOMINGO 24 DE MAYO «PASCUA 2026»
¡JESÚS RESUCITÓ!
¡ÉL VIVE HOY!
Lectura del santo Evangelio según San Juan 20, 19-23
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Palabra de Dios.
Oración
PIDAMOS EL DON DEL ESPÍRITU SANTO:
Hoy, fiesta de Pentecostés, concluye el tiempo pascual. Este momento de oración sobre la liturgia del día, lo vamos a hacer con la Secuencia que precede al evangelio de hoy. Invoquemos del don del Espíritu Santo, tan necesario para nuestra vida:
Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre,
don, en tus dones espléndido,
luz que penetra las almas,
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.
Amén.
ÉL SIGUE VIVO ENTRE NOSOTROS
PRUEBA DE ELLO...
Agustín Burgos Asurmendi
En este tiempo de Pascua en el que celebramos la Resurrección de Jesús, dinos si Jesús es para ti alguien que vive y te relacionas con él. ¿Quién es Jesús para ti?
Es alguien a quien me cuesta definir porque forma parte de mi vida. Del mismo modo que a mi madre, a mis hermanos, los considero parte de lo que soy y no sabría decir quién soy sin ellos, considero que Jesucristo es quien me sostiene y me ama tal como soy. El caso es que me gustaría que me amara tal como es él, pero no lo he conseguido todavía. Es a quien encuentro si profundizo en mí y a quien descubro si salgo de mí.
¿En qué momentos y cómo se manifiesta esa relación que tienes con Jesús o esa relación de Jesús contigo?
El momento de encuentro más directo es la Eucaristía. En ella puedo experimentar la realidad de su presencia a través de las palabras que pronuncio como presbítero y en ella puedo visibilizar su presencia en toda la asamblea que forma el pueblo de Dios. Si hablaba antes de «encuentro» es aquí donde de una manera sencilla el encuentro se hace sobrenatural de una forma natural. En ella puedo acoger a quien participa como yo en la mesa del altar y en la mesa de la Palabra. Con los demás escucho y acojo su Palabra y por los demás consagro el pan y el vino participando del sacerdocio de Jesús.
El encuentro con los alumnos de clase me ayuda a poder descubrir su presencia en sus inquietudes, en sus cansancios, en sus preguntas.
La convivencia diaria con quienes están dando sentido a sus vidas desde la vocación sacerdotal me hace descubrir su presencia en las fortalezas y debilidades que descubro.
El encuentro en la oración de la Liturgia de las Horas que me corresponde cantar en la Catedral es un momento de su presencia en la oración y, aunque, estar pendiente del canto supone cierta tensión, es un momento especial de relación con Él.
En tu opinión, ¿Cuáles pueden ser hoy buenos signos externos que muestren a los demás nuestra fe en que Jesús resucitó y vive?
Creo que los signos se manifiestan dependiendo de nuestra mirada. Nuestra mirada se ha acostumbrado a no ver a Dios en lo que sucede cerca o lejos de nosotros y de esta manera parece que Dios está ausente de todo lo bueno y lo malo que sucede a nuestro alrededor. Considero que un signo claro es la gente buena que hay en diferentes grupos dentro de la Iglesia y en las asociaciones sin ánimo de lucro que ayudan a generar una sociedad mejor. Muchas de ellas nacen de una motivación cristiana, de un compromiso de fe.
Cuando veo en las residencias de ancianos que visito el rostro cansado y sonriente de personas que físicamente no están bien, descubro un signo de cómo Cristo vive acompañando esa soledad y esa ancianidad.
Cuando veo la ilusión de matrimonios que quieren vivir bien el sacramento del matrimonio y es un momento de nuevo encuentro con la fe, también veo signos de su presencia.
Cuando escucho a alguien que quiere hablar conmigo o bien quiere confesarse, descubro un signo de su presencia viva en quien va buscando los efectos de su resurrección en el perdón o en las palabras de consuelo…
¿Qué le dirías a uno que no cree en esta verdad de fe: no cree que Jesús, como hombre que fue igual que nosotros, resucitó y vive?
Sólo le aconsejaría que se pare a pensar si la vida de cada uno de nosotros es sólo un proceso biológico de nacer, vivir y morir o somos algo más. «En cada uno de nosotros hay una semilla de eternidad» que en cada uno germina de una manera. Esa semilla tiene su plenitud de sentido en Jesucristo.

