DOMINGO 19 DE ABRIL «PASCUA 2026»

¡JESÚS RESUCITÓ!

¡ÉL VIVE HOY!

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».

Él les dijo:
«¿Qué?».

Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.

Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra de Dios.

Oración

Señor Jesús, los cristianos no somos seguidores de una idea, sino de una persona que eres tú mismo Resucitado, que te haces presente en el camino de nuestra vida como lo hiciste en el camino de aquellos dos discípulos de Emaús. Tú nos conoces, Señor, y te interesas por nuestro estado de ánimo. Cuando nos encontramos entristecidos y parece que nos falla la esperanza, nada mejor que acudir a tu palabra del Evangelio. Tiene valor de eternidad y es capaz de reanimarnos como ocurrió entonces: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”. Jesús, confiamos en ti.

Señor Jesús, creemos que te haces presente entre nosotros, sobre todo en el momento de la celebración de la Eucaristía. Como les ocurrió a aquellos dos discípulos de Emaús, “Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron al partir el pan”. Y añade el texto: “Pero él desapareció de su vista”. Está claro que se refiere a la Eucaristía. Tampoco nosotros, cuando participamos en la misa, te vemos físicamente. Pero creemos que estás presente en el pan y el vino consagrados. Aumenta, Señor, nuestra fe. Ayúdanos a creer. Te pedimos también por muchos cristianos que no participan en la Eucaristía para que descubran tu presencia en la misa.

Señor Jesús, los dos discípulos de Emaús, recuperada la esperanza, volvieron a Jerusalén para encontrarse con sus hermanos en la fe. Gracias, Señor Jesús, porque a través de este evangelio nos muestras que no podemos vivir la fe cristiana en solitario, sino en comunidad, formando parte de la Iglesia. De hecho, “encontraron reunidos a sus compañeros, que estaban diciendo: ‘Es verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón’”. 

Señor Jesús, ayúdanos a descubrir tu presencia en el camino de la vida, en la palabra del evangelio, en la fracción del pan (la misa) y en la comunidad de hermanos en la fe. Las cuatro formas de tu presencia están muy claras en el evangelio de hoy. Ayúdanos a descubrirlas y a revitalizar nuestra relación contigo. 

Amén.

Carla López Salvador

Carla tiene 30 años.

Trabaja en la Residencia de la Junta de Fuentes Blancas como terapeuta ocupacional y actualmente está finalizando sus estudios de Doctorado en Ciencias de la Salud.

Pertenece a la parroquia de San Pedro de la Fuente donde es catequista del último año de confirmación, coordina el grupo de adolescentes de la misma parroquia dirigido a jóvenes de 13 a 18 años, es miembro del coro y forma parte del consejo parroquial.

Fuera de la parroquia también forma parte del Secretariado para la Pastoral de las Personas con Discapacidad (SEDISBUR).

Entre sus aficiones, se encuentra la música y el deporte; especialmente la natación, disciplina en la que compitió cuando era pequeña.

Carla López Salvador

Durante ocho años ha realizado voluntariado con personas con discapacidad intelectual; colectivo con el que posteriormente ha tenido la oportunidad de trabajar profesionalmente reforzando así su vocación y compromiso social.

Asimismo, le encanta viajar y descubrir nuevos lugares, culturas y experiencias, aunque valora especialmente sus raíces, disfrutando de las fiestas y tradiciones de Burgos como integrante de una de sus peñas, donde comparte momentos muy especiales junto a su familia y amigos. 

En este tiempo de Pascua en el que celebramos la Resurrección de Jesús, dinos si Jesús es para ti alguien que vive y te relacionas con él. ¿Quién es Jesús para ti?

Para muchas personas, la figura de Jesús se percibe como la de un personaje histórico, alguien del pasado que aparece en la Biblia y cuyo modo de pensar puede parecer hoy lejano o incluso anticuado.

«Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre», así lo describen las Escrituras.

Para mí, además, es un amigo y un modelo de vida: alguien a quien aspiro a parecerme, al igual que a mis padres, amigos, compañeros de trabajo y otras personas que considero referentes. Su mensaje, basado en el amor, el perdón y la solidaridad con los más desfavorecidos, nos ofrece las claves para ser mejores personas en nuestro día a día.

Podríamos decir que Jesús fue un «influencer» de su tiempo, ya que su forma de vivir y sus enseñanzas han influido y siguen influyendo, en millones de personas a lo largo de la historia.

¿En qué momentos y cómo se manifiesta esa relación que tienes con Jesús o esa relación de Jesús contigo?

Se manifiesta en la Eucaristía de los domingos, en mi compromiso con los niños de catequesis y los adolescentes, en mi trabajo y en los momentos de dificultad y enfermedad.

También, durante los ratos de oración. Intento rezar ayudándome del Evangelio. Aunque, siendo sincera, me cuesta encontrar un momento de silencio durante el día, porque siempre estoy pendiente de muchas cosas. Por eso, cuando me pasa algo importante, paro un momento, cierro los ojos y lo digo en voz alta; así siento que Dios me escucha.

Me acuerdo de como al principio, cuando empecé como catequista, me daba más vergüenza hablar con las personas de mi entorno sobre mi fe, pero ahora ya lo hago con naturalidad.

En tu opinión, ¿Cuáles pueden ser hoy buenos signos externos que muestren a los demás nuestra fe en que Jesús resucitó y vive?

Intento que lo que creo se note en mis acciones del día a día:

En casa, con mi familia, trato de ser paciente y ayudar en lo que puedo.

En mi trabajo, con mis compañeros y residentes, intento ser respetuosa, cercana y actuar con responsabilidad.

Y con mis amigos, procuro ser una persona en la que puedan confiar y con la que se sientan bien.

¿Qué le dirías a uno que no cree en esta verdad de fe: no cree que Jesús, como hombre que fue igual que nosotros, resucitó y vive?

Es difícil de entender la Resurrección para una persona no creyente, puesto que no es algo que se pueda demostrar como algo científico.

Yo no le presionaría a hablar del tema pero, si se diera la oportunidad, le invitaría a preguntarse qué es lo que mueve a tantos misioneros, sacerdotes y laicos a dedicarse por completo a esa vocación encomendada si no estuviera por debajo la fe en Jesús.

¿Qué les hace seguir adelante, si no es la esperanza de que Jesús está vivo y acompaña su vida?

Creo que «todos nacemos con una misión en el mundo», pero depende de cada uno poner a Dios en el centro de su vida.

DOMINGO 12 DE ABRIL «PASCUA 2026»

¡JESÚS RESUCITÓ!

¡ÉL VIVE HOY!

Lectura del santo Evangelio según San Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».

Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:
«Señor mío y Dios mío!».

Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra de Dios.

Oración

Señor Jesús, después de siete días seguimos celebrando con alegría el hecho más grandioso que ha ocurrido en la historia de la humanidad. Tu Cuerpo muerto, que fue depositado en el sepulcro de Jerusalén, “resucitó al tercer día y vive”. Es el acontecimiento más importante de nuestra fe, que se fundamenta en un hecho acreditado por la palabra y la vida de los que fueron testigos de tu presencia como Resucitado: “A este Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo resucitó, de lo cual todos nosotros somos testigos”.

El evangelio de hoy nos permite situarnos en la tarde-noche de aquel primer día de la semana en que tú te hiciste presente entre tus discípulos. Gracias, Jesús, porque has querido hacerte visible en medio de tus discípulos cuando estaban reunidos. Gracias porque les has enseñado las manos y el costado para que se convencieran de que eres tú mismo en persona, el crucificado que has resucitado. Gracias porque el saludo de paz que les repites hasta tres veces en el evangelio de hoy, es también para nosotros: “Paz a vosotros”. Con este deseo de paz, queremos unirnos hoy a la oración de toda la Iglesia por la paz en el mundo.

Gracias, Señor Jesús, porque, a través del apóstol Tomás, prototipo del hombre descreído de nuestro tiempo, nos diriges una amable corrección que nos hace mucho bien: “No seas incrédulo, sino creyente”. Y nos alegra recibir tus palabras de bienaventuranza: “Bienaventurados los que crean sin haber visto”. Gracias, Señor Jesús, porque este evangelio ha sido escrito “para que creamos que tú eres el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengamos vida en tu nombre”.

Hoy, domingo de la misericordia, “damos gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”. Como bien dijo el Papa Francisco en el título de uno de sus libros, “El nombre de Dios es Misericordia”. Cierto, el mensaje central del evangelio es amor y misericordia. ¡Dios de misericordia infinita! Acrecienta en nosotros los dones de tu gracia. Ayúdanos a vivir la fe, la esperanza y el amor. Jesús Resucitado, ten misericordia de nosotros que confiamos en ti.

Amén.

Elvira Josefina Pedroza Domínguez

Elvira es de Venezuela.

Trabaja con personas mayores dependientes, vive en el barrio desde hace tres años, está casada y tiene tres hijos.

Se encuentra vinculada a la Parroquia de San Pedro de la Fuente, como catequista de niños de Comunión, es integrante de la Medalla Milagrosa, pertenece al grupo de Evangelización y es miembro de la Cofradía de la Oración en el Huerto y Ntra. Señora de los Dolores.

Elvira Pedroza Domínguez

En este tiempo de Pascua en el que celebramos la Resurrección de Jesús, dinos si Jesús es para ti alguien que vive y te relacionas con él. ¿Quién es Jesús para ti?

Estoy completamente segura de que Jesús vive y está presente en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía y en mi vida. Y sí que tengo una estrecha relación con él.

Jesús para mí, es el centro de mí vida, es todo: mí Dios hecho carne, el salvador del mundo, es mí fuerza, es mi paz, es mí esperanza, es mí guía, es mí refugio, es mí razón para vivir. Jesús por ser mí Padre, es un amigo muy cercano, con quien puedo conversar íntimamente desde el corazón. Jesús es mi gran Maestro, porque nos enseña, a través de su palabra, a amar, a perdonar, a ser humildes de corazón, generosos, y a ser portadores de su palabra.

¿En qué momentos y cómo se manifiesta esa relación que tienes con Jesús o esa relación de Jesús contigo?

El principal momento de mí relación con Jesús, comienza con la ORACIÓN, ese dialogo amoroso, del que habla Santa Teresa de Licieux, a primera hora de la mañana y seguidamente con la escucha y meditación del Evangelio del día. Asimismo, realizo otra ORACIÓN, en una hora del día, al Sagrado Corazón de Jesús. Y antes de dormir, es el último dialogo del día con Jesús. Los otros momentos en que se manifiesta mi relación con Jesús es en, todas mis actividades diarias, tanto en el hogar como en el trabajo; como consuelo y compañía en los momentos de dificultad o enfermedad de mi familia y amigos; en el servicio y amor al prójimo; y en la lectura de su Palabra, ya que, a través de ella, Jesús me habla y me guía.

 Al responder cómo se manifiesta Jesús, en mi relación con él, escribiría un libro, ya que Jesús no sólo se manifiesta en las cosas extraordinarias que me suelen ocurrir, sino, en lo más profundo de mi corazón; cuando siento una paz interior en medio de circunstancias difíciles; haciéndome más paciente o compasiva, amorosa, bondadosa, cuando doy un perdón, aunque me cueste, esta transformación interior también es una forma en la que Jesús se manifiesta en mí. Muchas veces, en personas que me ayudan, me animan con palabras de aliento o que aparecen justo cuando más lo necesito. Ahí puedo percibir el amor de Jesús.

Por otra parte, Jesús se manifiesta en una certeza interior muy profunda, de que no estoy sola, de que hay alguien caminando conmigo, guiándome y sosteniéndome incluso cuando no lo veo claramente.

En tu opinión, ¿Cuáles pueden ser hoy buenos signos externos que muestren a los demás nuestra fe en que Jesús resucitó y vive?

En mi opinión estos pueden ser algunos signos que demuestran nuestra fe en Jesús resucitado y vivo:

  • El Amor: No es suficiente decir que creemos en Jesús Resucitado, sino demostrarlo ayudando, sirviendo, y estando dispuestos para quienes más nos necesiten. Demostrando un buen trato a las personas.
  • La Paz interior: Para mí es un signo muy fuerte, porque esta paz permanece incluso en medio de circunstancias difíciles, eso demuestra que mi esperanza no depende de ellas, sino de que Jesús está vivo.
  • El Perdón: Cuando hay capacidad de perdonar de verdad, ya que no es algo fácil. Cuando alguien ve que yo he perdonado a una persona, puede presentir que hay algo más grande en mí: la presencia de Jesús vivo.
  • Una vida coherente: Es decir, una forma de vivir que refleje lo que creo, mis valores, mi forma de actuar, no se trata de ser perfectos, sino de intentar vivir según el Evangelio cada día.
  • Compartir la fe sin miedo: Es decir, hablar de Jesús con naturalidad, dar testimonio cuando surge la oportunidad, sin imponer, pero sin avergonzarme. Si de verdad creo que él vive, debería demostrarse en lo que digo.
  • La Esperanza: Demostrar que, pase lo que pase, confío en que Jesús tiene la última palabra. Sin pesimismo.
  • La Oración constante y el testimonio público: Es un signo muy importante, ya que a través de ella nos comunicamos diariamente con Jesús, al levantarnos, al bendecir la mesa, en cualquier hora del día, asistiendo a misa, haciendo la señal de la cruz, bendiciendo a nuestros hijos, al acostarnos, confesándonos y haciendo una vida en Oración comunitaria, participando en la vida de la Iglesia, demuestra que la fe está viva.

¿Qué le dirías a uno que no cree en esta verdad de fe: no cree que Jesús, como hombre que fue igual que nosotros, resucitó y vive?

En primer lugar, le hablaría con respeto y cercanía, sin imponer.

Le compartiría que mí fe no se basa sólo en lo que me han enseñado, sino en una experiencia personal. Le explicaría que, para mí, Jesús no es alguien del pasado, sino alguien vivo que ha transformado mi manera de pensar, de actuar, de amar y de enfrentar la vida. Que en momentos difíciles he sentido paz, fuerza y esperanza de una forma que no puedo explicar.

También le diría que mí fe, en que Jesús resucitó, no es solo una creencia, sino un hecho que cambió la historia y la vida de millones de personas.

Y por otra parte, le invitaría a abrirse un poco, a la posibilidad de experimentar que Jesús cambia nuestra vida.

CALENDARIO DE PASCUA ‘2026’

¡CRISTO RESUCITÓ!

y

SIGUE VIVO ENTRE NOSOTROS

“Cristo vive y te quiere vivo. Él está en ti, está contigo. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote. Cuando te sientas tocado por la tristeza, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza”, son las palabras con las que comienza el Papa Francisco la Exhortación Apostólica «VIVE CRISTO, ESPERANZA NUESTRA» dirigida principalmente a los jóvenes.

La verdad fundamental de nuestra fe es que Cristo resucitó y vive. Así lo dice San Pablo: “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también nuestra fe… Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto” (1Cor 15, 14.20). Es decir, Cristo ha resucitado primero y es garantía de que también nosotros resucitaremos.

Si esto es verdad –así lo creemos- nuestra fe cristiana se fundamenta en la victoria de la vida sobre la muerte, del bien sobre el mal, de la verdad sobre la mentira, del gozo y la esperanza sobre la tristeza y la desesperación.

Este tiempo de Pascua queremos hacerte partícipe de la alegría pascual a través del testimonio de unas personas que viven y comparten su vida de fe entre nosotros.

Cada semana de Pascua una persona aparecerá en nuestra página para testimoniar su fe. Deseamos que lo disfrutes con nosotros.

Abril

Domingo

05

Domingo de Resurrección

Domingo

12

II Domingo de Pascua

Domingo

19

III Domingo de Pascua

Domingo

26

IV Domingo de Pascua

Mayo

Domingo

03

V Domingo de Pascua

Domingo

10

VI Domingo de Pascua

Domingo

17

VI Domingo de Pascua

Domingo

24

Solemnidad de Pentecostés

DOMINGO 05 DE ABRIL «PASCUA 2026»

¡JESÚS RESUCITÓ!

¡ÉL VIVE HOY!

Lectura del santo Evangelio según San Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra de Dios.

Oración

Señor y Dios nuestro, Jesucristo Resucitado. Hoy celebramos la Pascua, porque tú, Jesús, has pasado de la muerte a la vida, has resucitado. ¡Aleluya! ¡Alegrémonos, porque Jesús resucitó y vive! ¡Alabemos al Señor, nuestro Dios!

Celebremos hoy con alegría la fiesta más importante de nuestra fe cristiana: la Resurrección. No se trata solo de que tú, Jesús, como Hijo de Dios, has resucitado de la muerte, sino también de que, al resucitar, has traspasado las puertas de la muerte haciendo posible que tu Resurrección sea una realidad también para nosotros. Desde esta experiencia única, la muerte ya no tiene la última palabra.

El evangelio de hoy tiene dos palabras que encierran una gran enseñanza para todos nosotros: “Vio y creyó”. Cuando Pedro y Juan, tras recibir la información de María Magdalena, fueron a comprobar que el sepulcro estaba vacío, dice el mismo San Juan que lo escribió: “Vio y creyó”. ¿Qué vio y qué creyó? Esta es la pregunta que merece la pena responder en el evangelio de hoy.

Vio los lienzos de tela, la túnica de lino que había envuelto el cuerpo muerto de Jesús; lienzos y sudario “tendidos en el suelo”, o sea, aplanados a ras de suelo. No estaba tu cuerpo, Señor Jesús, y habías dejado tu imagen impresa en la túnica. Y Juan, que lo cuenta, creyó que habías cumplido tu palabra: “Al tercer día resucitaré”.  

Así lo creemos nosotros porque creemos en ti, Jesús Resucitado. Por el bautismo hemos muerto con Cristo al pecado y hemos resucitado contigo a una vida nueva. Por eso nos dice San Pablo en la 2ª lectura: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba… Aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra”.

La fe en tu resurrección, Señor Jesús, nos permite vivir con esperanza y con alegría, porque tu victoria sobre la muerte conlleva también la victoria del bien sobre el mal, de la verdad sobre la mentira, del amor sobre el odio, de la paz sobre la violencia, de la luz sobre las tinieblas, de la alegría sobre la tristeza. Tu fe nos aporta, Señor, esta opción esperanzada y optimista de la vida. Que así sea.

Amén.

D. Santiago Giráldez Fernández

Santiago es un sacerdote perteneciente a la Congregación de la Misión de San Vicente de Paúl  (Padres Paúles).

Tiene 83 años.

Desde su ordenación en 1967, ejerció el ministerio sacerdotal, casi siempre como Párroco, con otros períodos combinando también con la docencia y administración, en diversos destinos: Inglaterra, Salamanca (más de 25 años), Marín, Gijón, Cádiz u Orense.

Actualmente desde hace casi tres años, se encuentra destinado como superior de nuestra Comunidad de Burgos, en la calle Emperador 1, junto a nuestra parroquia de San Pedro de la Fuente.

En ella ha podido colaborar varias veces en alguna actividad pastoral como las confesiones de los niños y niñas de nuestra catequesis.

Santiago Giráldez Fernández

En este tiempo de Pascua en el que celebramos la Resurrección de Jesús, dinos si Jesús es para ti alguien que vive y te relacionas con él. ¿Quién es Jesús para ti?

Para mí, Jesús es el modelo de vida que Él me invita a seguir: «Os he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho, lo hagáis también vosotros». 

Al haberme Él regalado el ministerio sacerdotal, me encomienda, como a los Apóstoles, la misión de ser su testigo en el mundo. 

Muy en particular, como miembro de la Congregación de los Paúles, me encomienda el testimonio de su amor afectivo y efectivo con los pobres;  ese es nuestro carisma en la Iglesia.

¿En qué momentos y cómo se manifiesta esa relación que tienes con Jesús o esa relación de Jesús contigo?

Fundamentalmente en la celebración y administración de los sacramentos.

La eucaristía diaria es la fuente de vida: «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna».

Cuando administro el sacramento de la penitencia, me siento abrumado   por su amor, porque, siendo yo pecador, se sirve de mí para comunicar su perdón y su amor a los demás.

En tu opinión, ¿Cuáles pueden ser hoy buenos signos externos que muestren a los demás nuestra fe en que Jesús resucitó y vive?

Todas las obras de amor y ayuda a los necesitados son los mejores signos de que Jesús está vivo entre nosotros. 

El ejemplo de tantas personas que, también en nuestros días, además de ejercer el amor con el prójimo, dan su vida por Dios y el Evangelio, es un testimonio irrefutable de que Jesús vive en el mundo.

¿Cuántos son los que cada día en el mundo son perseguidos y martirizados a causa de su fe en Cristo Resucitado?

¿Qué le dirías a uno que no cree en esta verdad de fe: no cree que Jesús, como hombre que fue igual que nosotros, resucitó y vive?

A Jesús no lo podemos ver y tocar físicamente como lo vieron los Apóstoles. 

Lo vemos y tocamos en la persona de nuestros prójimos:«Todo lo que hagáis a cualquiera de vuestros hermanos, a mí me lo hacéis». 

«Jesús sigue vivo y presente en la persona de nuestro prójimo» Observa la bondad que hay en nuestro mundo manifestada en la dedicación de muchas personas e instituciones al servicio de los demás, y te convencerás de ello.

CALENDARIO DE SEMANA SANTA «2026»

SEMANA SANTA

Semana en la que celebramos y actualizamos los misterios centrales de nuestra fe: la muerte en Cruz del Dios encarnado y su gloriosa resurrección. El paso, doloroso y complicado, por la muerte a la Vida, siempre dichosa, que no acaba.

Días para revivir la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, su última cena –memorial de su entrega y testamento vital para los suyos-, su dolorosa agonía y muerte, y, sobre todo, por ser lo que permanece, su resurrección gloriosa.

Días para tomar conciencia de que Jesús, que pasó por ese trance por amor a la humanidad, vive hoy y camina con nosotros, también cuando el sufrimiento se hace presente en nuestra vida.

En esta nueva edición de nuestro Calendario de Semana Santa; te invitamos a revivir los momentos clave de la Pasión y el Triduo Pascual. Cada día incluye una breve reflexión, acompañada de unas preguntas y una oración que te ayudarán a vivir este tiempo con mayor sentido.

Marzo

Domingo

29

Domingo de Ramos

Abril

Jueves

02

Jueves Santo

Viernes

03

Viernes Santo

¡Jesús está vivo!

DOMINGO 08 DE JUNIO «PASCUA 2025»

¡JESÚS RESUCITÓ!

¡ÉL VIVE HOY!

Lectura del santo Evangelio según San Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Palabra de Dios.

Oración

“Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Don en tus dones espléndido, luz que penetra las almas, fuente del mayor consuelo”. Cierto, Señor Jesús, hoy es el día del Espíritu de Dios, tu Espíritu, Tú mismo, que, aunque has ascendido al cielo con el Padre, sigues presente entre nosotros por medio de tu Espíritu, el Espíritu Santo. Eres luz que penetra las almas y fuente del mayor consuelo. Acudimos a ti con la confianza de que iluminas nuestra vida para que sigamos el buen camino que nos hace felices y nos aporta el mayor consuelo.

“Ven, dulce huésped del alma, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro”. Tú nos has dicho, Señor Jesús, “el que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”. El Espíritu de Dios o Espíritu Santo se manifiesta en el amor. Por el amor, habita en nosotros. Es dulce huésped del alma que da calor y vida a nuestra existencia y a todo nuestro entorno.

“Ven, Espíritu de Amor, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, guía al que tuerce el sendero”. Señor Jesús, tú mismo nos dijiste “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos… hasta el confín de la tierra”. Conocemos bien nuestra debilidad, Señor; por eso necesitamos la fuerza de tu Espíritu que nos infunde el don de fortaleza. Ojalá invoquemos una y muchas veces el don de tu Espíritu.

“Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito, salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno”. Ayúdanos, Señor Jesús, a recordar los siete dones de tu Espíritu: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Y con tu ayuda, experimentaremos los frutos del Espíritu en nosotros: amor, alegría, paz, comprensión, amabilidad, bondad, lealtad, mansedumbre, dominio de sí. Así nos preparamos nosotros y toda la Iglesia para un nuevo Pentecostés.  

Amén.

ÉL SIGUE VIVO ENTRE NOSOTROS

PRUEBA DE ELLO...

Gabriel Moreno Cerezo

Gabriel es natural de Valluércanes un pueblo cerca de Pancorbo en la provincia de Burgos.

Es el pequeño de tres hermanos.

Fue ordenado sacerdote en el año 1992.

Su primer año de ministerio lo ejerció como Vicario Parroquial en la Parroquia de San Pedro Regalado en Aranda de Duero.

En una primera etapa estuvo destinado como párroco en Castrillo de la Vega y pueblos cercanos como: Berlangas de Roa, Hoyales de Roa y Fuentecén.

Después pasó a ser párroco de Gumiel de Izán y alrededores como: Quintana del Pidio, Bahabón de Esgueva, Oquillas, Tubilla del Lago, Valdeande, Villanueva de Gumiel y Villalbilla de Gumiel.

Actualmente es el párroco de nuestra Iglesia de San Pedro de la Fuente desde hace nueve años.

Desde el año 2022 es el representante de Cáritas en el Arciprestazgo de Burgos-Vena y en el 2023 fue nombrado Arcipreste del mismo Arciprestazgo.

En este tiempo de Pascua en el que celebramos la Resurrección de Jesús, dinos si Jesús es para ti alguien que vive y te relacionas con él. ¿Quién es Jesús para ti?

Por supuesto que sí; es el que vive para darnos Vida.

¿En qué momentos y cómo se manifiesta esa relación que tienes con Jesús o esa relación de Jesús contigo?

Trato de tenerlo presente durante toda la jornada, pero la relación se hace especialmente intensa en la celebración de la Eucaristía.

En tu opinión, ¿Cuáles pueden ser hoy buenos signos externos que muestren a los demás nuestra fe en que Jesús resucitó y vive?

El respeto, la tolerancia, la cercanía… etc. guiadas por la oración.

¿Qué le dirías a uno que no cree en esta verdad de fe: no cree que Jesús, como hombre que fue igual que nosotros, resucitó y vive?

Nada. Acostumbro a pedir en mi oración que Jesús se haga el encontradizo con todas las personas que aún no han tenido la suerte de conocerle.

DOMINGO 01 DE JUNIO «PASCUA 2025»

¡JESÚS RESUCITÓ!

¡ÉL VIVE HOY!

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 24, 46-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.
Vosotros sois testigos de esto. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo alto».
Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo.
Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo.
Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

Palabra de Dios.

Oración

Dios todopoderoso, concédenos exultar de gozo y alegrarnos con religiosa acción de gracias, porque la Ascensión de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra victoria; y, donde nos ha precedido él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros, como miembros de su cuerpo.

Con estas palabras, oramos hoy a Dios como miembros de tu Iglesia y nos sentimos unidos a ti, Señor Jesús. Al mismo tiempo que celebramos con alegría tu Ascensión a la gloria del cielo, alientas nuestra esperanza de llegar también nosotros a gozar de tu gloria en el cielo. Así nos lo dice hoy la segunda lectura: “El Padre de la gloria nos dé espíritu de sabiduría para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama y cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos”.

Hay una expresión que se repite en el evangelio –final de San Lucas- y en la primera lectura –comienzo de los Hechos- Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y hasta el confín de la tierra” (Hch 1, 8). “Comenzando por Jerusalén, vosotros sois testigos de esto” (Lc 24, 48). En el momento de ascender al cielo, nos has dejado, Señor Jesús, una misión para nuestro quehacer en la tierra, la misión de ser tus testigos en el mundo. Ayúdanos, Señor Jesús, a dar testimonio de amor ti y al prójimo, a defender la verdad y la justicia, a ser portadores de paz y alegría. Sí, queremos dar testimonio de tu mensaje del evangelio con nuestras obras y nuestras palabras. La misma misión que tú has cumplido, Señor, en la tierra, hemos de realizarla ahora nosotros que somos tu Iglesia.

Para ser tus testigos, Señor Jesús, nos concedes la fuerza de tu Espíritu. Esto quiere decir que no es misión imposible; contamos con la fortaleza del Espíritu Santo. Lo hemos recibido cada uno de nosotros en el bautismo y sobre todo en la confirmación al ser ungidos con el santo crisma: N. (mi nombre) recibe por esta señal el don del Espíritu Santo. Ayúdanos, Señor, a actualizar en nuestra vida el inestimable don del Espíritu que hemos recibido.

Amén.

ÉL SIGUE VIVO ENTRE NOSOTROS

PRUEBA DE ELLO...

Germán Martínez García

Germán tiene 25 años.

Colabora en la parroquia de la Asunción de nuestra Señora de Villalbilla de Burgos.

Trabaja en la empresa de inserción de Caritas Burgos, exactamente en el catering El gusto.

Enfocó su vida laboral en el mundo de la cocina desde que terminó el instituto, formándose en la escuela de hostelería y, por una “casualidad”, para él atribuida a la virgen, empezó a trabajar en el gusto.

Como afición tiene el folclore, pero sobretodo organizar y participar de las actividades en la asociación del pueblo, dónde ahí tiene su vida, su familia y sus amigos.

En este tiempo de Pascua en el que celebramos la Resurrección de Jesús, dinos si Jesús es para ti alguien que vive y te relacionas con él. ¿Quién es Jesús para ti?

Para mí Jesús es un amigo, alguien más en mi día a día, pero alguien a quien tengo por confidente, alguien que sé que está presente en mi vida y me va guiando por el camino.

Con estas palabras doy por hecho que Jesús es alguien que vive.

¿En qué momentos y cómo se manifiesta esa relación que tienes con Jesús o esa relación de Jesús contigo?

En cualquier momento, le puedo hablar, contarle, preguntarle, pedirle, darle gracias… sin importar donde esté.

Obviamente el encuentro se intensifica en la presencia eucarística, en momentos de oración y de recogimiento.

En tu opinión, ¿Cuáles pueden ser hoy buenos signos externos que muestren a los demás nuestra fe en que Jesús resucitó y vive?

Creo que el mejor signo visible es la expresión física: «la alegría». Transmitir alegría, un cristiano tiene que ser alegre y tiene que contagiar la alegría. Alguien que tiene una buena noticia no la dice triste, por eso creo que una sonrisa es un buen signo.

«El darte». Darte a los hermanos, al prójimo, ayudar a la gente que te rodea que se cruza en el camino sin esperar nada a cambio.

«Lo litúrgico». Una liturgia viva, alegre, que transmita realmente lo que celebra, el sacrificio que culmina con vida por amor.

¿Qué le dirías a uno que no cree en esta verdad de fe: no cree que Jesús, como hombre que fue igual que nosotros, resucitó y vive?

Decirle para convencerle, no le diría nada, le invitaría a conocer testimonios de fe, a participar de la misa, a escuchar la palabra.

Y le invitaría a estar dispuesto a escuchar.

DOMINGO 25 DE MAYO «PASCUA 2025»

¡JESÚS RESUCITÓ!

¡ÉL VIVE HOY!

Lectura del santo Evangelio según San Juan 14, 23-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.

La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo, Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis».

Palabra de Dios.

Oración

Señor Jesús, nos vamos acercando a la gran fiesta del Espíritu Santo que es Pentecostés. En el evangelio de este domingo sexto de Pascua está ya presente la promesa del Espíritu: “El Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho”. Ayúdanos, Señor, a prepararnos para recibir tu Espíritu que es el gran don de tu Resurrección, el Espíritu de Dios o Espíritu Santo.

Concédenos la gracia de tu amor conforme a tus palabras del evangelio de hoy: “El que me ama, guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”. Tu Espíritu de Amor nos capacita para amar a Dios y al prójimo, y para hacer posible el milagro de tu morada en nuestro interior, en nuestro corazón. Tu Espíritu de Amor es también Espíritu de paz. Por eso, “la paz os dejo, mi paz os doy”. Paz con nosotros mismos, que es fuente de alegría, y paz con todos los demás, que es semilla de fraternidad.

Con el don del Espíritu en nuestro interior, hacemos nuestra la oración secuencia de Pentecostés:

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre, don en tus dones espléndido, luz que penetra las almas, fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al busca salvarse y danos tu gozo eterno.

Amén.

ÉL SIGUE VIVO ENTRE NOSOTROS

PRUEBA DE ELLO...

Puri Sancho López

Puri tiene formada una familia con dos hijos de 21 y 18 años.

Trabaja de Auxiliar de colectividades en la casa de la Hijas de la Caridad en Rabé de las Calzadas.

Entre sus aficiones se encuentra dibujar, hacer manualidades, coser, dar paseos por el campo y sobre todo pasar tiempo con su familia.

Pertenece a la Parroquia de San Pedro de la Fuente donde es catequista desde el año 2012.

También es cofrade de la Cofradía de la Oración en el Huerto y Ntra. Señora de los Dolores desde 2016 y miembro del Consejo Pastoral Parroquial.

En este tiempo de Pascua en el que celebramos la Resurrección de Jesús, dinos si Jesús es para ti alguien que vive y te relacionas con él. ¿Quién es Jesús para ti?

Para mi Jesús está vivo en cada uno de nosotros, me relaciono con él en la oración y en la adoración.

Él es el Hijo de Dios el creador de la vida. Con Dios es uno dejándonos libertad para decidir y se hizo hombre para dar ejemplo de cómo vivir para alcanzar el Reino de Dios.

Jesús murió, resucitó y ascendió al Reino de Dios, allí nos espera. Dios nos perdona siempre que estemos arrepentidos y así poder alcanzar el Reino de Dios.

¿En qué momentos y cómo se manifiesta esa relación que tienes con Jesús o esa relación de Jesús contigo?

«La relación que tengo con El Señor es continua»: en casa, en el trabajo…

«En él confío, dejo todo en sus manos», me siento orientada en mis decisiones, siento su influencia en cosas que si no yo no las pensaría, le pido ayuda, perdón, le doy gracias por haberme sacado de tantas dificultades.

En tu opinión, ¿Cuáles pueden ser hoy buenos signos externos que muestren a los demás nuestra fe en que Jesús resucitó y vive?

El tener  fe en el Señor hace que me sienta tranquila.

«Sé que él quiere lo mejor para mí, me siento acompañada».

Aunque este sola, ha hecho que conozca a gente que se nota que llevan al Señor en su vida y me lo trasmiten en su mirada, sus silencios y gestos.

Esto también hace que pase más ratos de oración, de adoración, de leer el evangelio, acercándome al Señor sintiéndome bien, queriendo transmitirlo a los demás.

¿Qué le dirías a uno que no cree en esta verdad de fe: no cree que Jesús, como hombre que fue igual que nosotros, resucitó y vive?

Le recordaría lo que dijo Jesús en la tierra: «Acercaos a mi todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré». (Mt. 11, 28).

Yo me acerque y me acerco a él, lo dejo todo en sus manos y siento ese alivio en muchas situaciones de mi vida, «si dejas una rendija abierta en tu corazón, sentirás su presencia, él quiere que le dejes amarte».

DOMINGO 18 DE MAYO «PASCUA 2025»

¡JESÚS RESUCITÓ!

¡ÉL VIVE HOY!

Lectura del santo Evangelio según San Juan 13, 31-33a. 34-35

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús:
«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros.

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».

Palabra de Dios.

Oración

Señor Jesús, en este domingo quinto de Pascua nos enseñas el mandamiento nuevo del amor fraterno: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros”. Estas palabras tienen mucha importancia en tu evangelio. Prueba de ello es que nos las dices en el marco de la última cena, donde instituiste el sacramento del amor que es la Eucaristía, tu presencia real entre nosotros. Fue en un ambiente de despedida: “Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros”, donde nos entregas como testamento el mandamiento nuevo del amor. De hecho, las primeras palabras en este mismo cap. 13 son: “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. Así lo manifiestas con tus palabras y con tus obras. Por eso nos mandas amar “como yo os he amado”.

Señor Jesús, tu insistencia en el amor fraterno hace que nos lo repitas una y otra vez para que lo tengamos siempre presente: “En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros”. Este es el distintivo y no otro. Y más adelante nos dices de nuevo: “Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado…Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando”. Y añades una vez más: “Esto os mando: que os améis unos a otros”. Coincide además con tu doble mandamiento que resume la ley de Dios y la enseñanza de los profetas: “Lo principal y primero de todo es amar a Dios con todo el corazón… y amar al prójimo como a uno mismo”.

¿Por qué, Señor, esta insistencia en el amor? Sencillamente porque quieres nuestro bien: “Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud”. Dios quiere que vivamos contentos, alegres. Está comprobado por la experiencia y cada uno lo puede comprobar en sí mismo, que el amor verdadero es fuente de alegría. San Pablo, cuando enumera los frutos del Espíritu, comienza así: “Frutos del Espíritu son amor, alegría, paz…” Concédenos, Señor Jesús, amarte con todo el corazón, y amar al prójimo como a nosotros mismos.  

Amén.

ÉL SIGUE VIVO ENTRE NOSOTROS

PRUEBA DE ELLO...

Alejandro Sánchez Gutiérrez

Alejandro tiene 25 años y es seminarista de nuestra Archidiócesis.

Aunque nació en la ciudad de Burgos y ha vivido la mayor parte del tiempo en ella, ahora reside con sus padres en Araúzo de Miel.

Su familia, cristiana pero no practicante, está formada por sus padres y dos hermanos mayores.

La fe no es algo vivido comúnmente en su casa, pero poco a poco se van acercando un poco más a lo trascendente.

Hace 6 años que comparte comunidad con sus compañeros en el Seminario Diocesano San José.

El Señor le llamó a seguirle de un modo muy sencillo, acercándose a la figura de san José, quien le guió hacia el encuentro con esta vocación, aunque ahora está convencido de que la Voz de Dios se manifestaba en él mucho antes.

Las virtudes de este gran santo las acogió con la convicción de que los sacerdotes que entonces conocía eran una imitación clave de él, y su fascinación por él y su admiración por los sacerdotes, le hicieron querer ser como ellos, como san José: humilde, cercano al Hijo, silencioso y oculto pero con el importante papel de ser instrumento siempre de Dios para con los demás.

Con 17 años, acompañado de un sacerdote, profesor de Religión en su instituto, fue dando los primeros pasos hacia el seminario, asistiendo a encuentros, campamentos, etc. y, finalmente, entró en 2º de Bachillerato al Seminario Menor.

Después de 6 años en la casa solo puede dar gracias a Dios por estos años, por la felicidad que ha vivido siempre y que solo desea compartir con los demás.

Actualmente se dedica a compaginar dos cosas: sus estudios de especialización en la Facultad de Teología, realizando el primer año de la Licenciatura en Laicos, familia y vida; y asistiendo y viviendo la etapa de pastoral del Seminario en la Parroquia San Pedro y San Felices, donde ayuda durante los fines de semana.

En este tiempo de Pascua en el que celebramos la Resurrección de Jesús, dinos si Jesús es para ti alguien que vive y te relacionas con él. ¿Quién es Jesús para ti?

En este Tiempo de Pascua debe resonar en nuestros corazones la confesión de Pedro, cuando dijo respondiendo a la pregunta del Señor: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo» (Mt 16, 16). Esta afirmación, tan sencilla y profunda, encierra toda la esencia de la fe cristiana: reconocer a Jesús no solo como un personaje histórico o un gran maestro, sino como el Hijo de Dios que ha vencido a la muerte y vive para siempre. La Pascua, con su luz y su esperanza, no essolo un recuerdo de un acontecimiento pasado, sino una realidad viva que transforma el presente. Por eso, celebrar la Resurrección es afirmar con gozo que «el Señor está vivo», que «ha resucitado verdaderamente» y que camina con nosotros cada día.

Para mí, Jesús es alguien vivo, cercano y real. «No es una idea abstracta» ni una figura lejana de un pasado remoto. «Es una presencia constante que me acompaña», me guía y me sostiene. Me relaciono con Él a través de la oración diaria, la escucha de la Palabra, los sacramentos y se me manifiesta, también, en el rostro de los compañeros del seminario, de los amigos, de la familia, etc. Jesús, sobre todo en estos días de Pascua, me interpela y, a la vez, llena mi corazón de paz y esperanza. Es un amigo fiel y un maestro paciente.

Jesús es para mí «el centro de mi vida». Es quien da sentido a toda mi existencia y, sobre todo, a mi vocación. Vivir la Pascua es renovar esta relación tan profunda con Él, es volver a encender la llama de la fe, es dejarme tocar de nuevo por el poder de su Resurrección, que hace nuevas todas las cosas.

También es un reflejo para mí del «rostro visible de un Dios» que no se ha quedado en las alturas, sino que ha bajado hasta nosotros para caminar con nosotros: Emmanuel, «Dios con nosotros». En este tiempo pascual, al contemplar la tumba vacía, experimento que no estoy solo, que la muerte no tiene la última palabra, que hay esperanza más allá del dolor y la incertidumbre. Jesucristo vive, «y porque Él vive, puedo vivir yo también en plenitud».

¿En qué momentos y cómo se manifiesta esa relación que tienes con Jesús o esa relación de Jesús contigo?

Mi relación con el Señor se manifiesta de múltiples maneras y en distintos momentos de mi vida, pero hay algunos particularmente significativos que han marcado mi camino de fe y mi vocación. Como seminarista, no puedo separar mi historia personal de la presencia constante de Jesús, que me ha llamado, me acompaña en mi formación y transforma mi corazón poco a poco a semejanza del suyo, Buen Pastor.

Uno de los momentos en los que más intensamente percibo mi relación con Jesús es en «la oración diaria». En el silencio de la capilla, frente al Sagrario, experimento su cercanía viva, su escucha paciente y percibo su amor incondicional. Es allí donde puedo abrirle el corazón tal como soy, sin máscaras ni apariencias. Muchas veces, incluso cuando no encuentro palabras, siento que Él está ahí, sosteniéndome, escuchando mis silencios. La oración se convierte en ese espacio sagrado donde la amistad con Jesús se cultiva, madura y me fortalece para seguir adelante.

Otro momento crucial es «en la Eucaristía». Participar en la celebración diaria de la Eucaristía, y especialmente en la adoración eucarística, me hace ver que Jesús no es solo alguien pasado y antiguo, sino un Dios vivo en el presente que cada día se entrega por mí en el memorial del sacrificio redentor. Es ahí donde encuentro sentido, consuelo y alimento espiritual para poder vivir en plenitud.

También descubro la presencia de Jesús «en la vida comunitaria» del Seminario. A veces, en lo cotidiano y sencillo de la convivencia, Jesús me habla a través de los demás: en una conversación fraterna, en el testimonio de un compañero, en los desafíos que supone vivir en comunidad. Todo eso me ayuda a crecer en humildad, paciencia y caridad, y me recuerda que seguir a Jesús es siempre un camino de entrega y conversión constante.

Jesús se manifiesta, en definitiva, en cada paso de este camino vocacional. Me llama a seguirlo más de cerca, a configurarme con Él, que es Buen Pastor, y a confiar plenamente en su amor providente. «No camino sólo, camino con Él».

En tu opinión, ¿Cuáles pueden ser hoy buenos signos externos que muestren a los demás nuestra fe en que Jesús resucitó y vive?

Hoy más que nunca necesitamos signos visibles que manifiesten al mundo que creemos firmemente en que Jesús ha resucitado y vive entre nosotros. La fe en la Resurrección no es solo una afirmación teológica, sino una realidad transformadora que debe reflejarse en nuestra vida concreta. Por eso, creo que uno de los signos más significativos y auténticos que muestran esa fe es «la alegría cristiana». No una alegría superficial, son esa alegría serena y profunda que brota de saberse amado por un Dios vivo, que ha vencido el pecado y la muerte. En medio de un mundo marcado por la incertidumbre, el sufrimiento y el individualismo, una persona verdaderamente alegre por Cristo se convierte en un testimonio elocuente de su presencia viva.

Otro signo externo fundamental es «la caridad concreta», el amor que se traduce en gestos visibles de servicio, de compasión, de entrega a los demás, especialmente a los pobres, los enfermos, los marginados. La fe pascual no se puede quedar encerrada en los templos: debe salir a las periferias, tocar las llagas del hermano, construir puentes y derribar muros, como nos recordó hace poco el papa León XIV.

Además, considero que «la coherencia de vida» es también un signo eficaz. En un tiempo en el que muchas palabras pierden peso, una vida vivida con autenticidad, con rectitud, con esperanza incluso en medio de las pruebas, habla por sí sola. Vivir con sentido, con fe en el futuro, con fidelidad a los valores del Evangelio, demuestra que nuestra esperanza no está en algo vacío y que creemos verdaderamente en el poder del Resucitado.

También son signos visibles y necesarios «los gestos litúrgicos y comunitarios»: una celebración de la Eucaristía vivida con profundidad y belleza, una comunidad unida y en paz, etc. Todo ello habla de que algo más grande nos mueve, de que no estamos actuando por interés humano, sino porque Cristo resucitado está en medio de nosotros y nos envía a dar testimonio.

Por último, creo que «los jóvenes podemos ser también signos de la fe en Jesús resucitado. Nuestra sola decisión de dejarlo todo para seguir a Cristo», en una sociedad donde muchas veces se vive como si Dios no existiera, es ya una «señal contracultural» que puede despertar preguntas, inquietudes y esperanzas en los demás. Nuestro testimonio, humilde e imperfecto, aunque sincero, puede ser un anuncio viviente de que Jesús no es un recuerdo vago del pasado, sino un Dios que sigue llamando, amando y resucitando corazones olvidados.

¿Qué le dirías a uno que no cree en esta verdad de fe: no cree que Jesús, como hombre que fue igual que nosotros, resucitó y vive?

A alguien que no cree que Jesús, verdadero hombre como nosotros, haya resucitado y viva para siempre, no intentaría convencerlo solo con argumentos, sino sobre todo «con el testimonio de vida». Le diría, con sencillez y respeto, que entiendo sus dudas, porque creer en la Resurrección no es algo fácil. De hecho, incluso los primeros discípulos tardaron en comprenderlo y necesitaron encontrarse con el Resucitado para creer de verdad, ¿recordáis a Tomás? No es una idea que se impone, sino una experiencia que si se deja puede transformarlo.

Le invitaría a mirar con atención «lo que ha ocurrido en la historia» y en tantas vidas marcadas por el encuentro con Jesús. Porque la fe cristiana no nace de una teoría, sino de un hecho: que un hombre crucificado por amor ha vencido la muerte y sigue transformando los corazones, sanando las heridas, dando sentido a la vida y despertando vocaciones. Jesús no solo resucitó hace más de dos mil años, sino que sigue resucitando en cada persona que se deja tocar por su amor.

Le diría también que yo mismo no he llegado a creer porque me lo impusieran, sino porque «he experimentado en mi propia vida» cómo Jesús ha salido a mi encuentro, cómo me ha levantado en momentos de oscuridad, cómo ha llenado de luz y de esperanza mi camino. No es una creencia vacía, es una relación viva con alguien que me conoce, me ama y me llama por mi nombre. Ese Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, vive, y cuando uno se abre a Él, aunque sea con una pequeña chispa de fe, comienza a experimentar una vida nueva.

Finalmente, no trataría de dar una lección, sino de sembrar una pregunta: «¿Y si fuera verdad? ¿Y si Jesús realmente vive y quiere encontrarse contigo?» A veces, basta con dejar esa puerta entreabierta para que Él mismo entre y se haga presente. Porque la fe en la Resurrección no nace de demostrar, sino de encontrarse. Y cuando uno se encuentra con el Resucitado, todo cambia.

DOMINGO 11 DE MAYO «PASCUA 2025»

¡JESÚS RESUCITÓ!

¡ÉL VIVE HOY!

Lectura del santo Evangelio según San Juan 10, 27-30

En aquel tiempo, dijo Jesús:
«Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.

Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre somos uno».

Palabra de Dios.

Oración

Señor Jesús, en este domingo cuarto del tiempo de Pascua celebramos el domingo del buen Pastor. “Yo soy el buen Pastor que conozco a mis ovejas y doy mi vida por ellas”. Estas son tus palabras, Señor. Y para que nos demos cuenta de lo que esto implica, añades: “Mis ovejas escuchan mi voz y me siguen”.

 Por este motivo celebramos hoy la jornada mundial de oración por las vocaciones. Ayúdanos, Señor Jesús, a comprender lo que esto significa para todos nosotros, porque hablar de vocación es hablar de todos y cada uno de los cristianos. Cada uno tenemos nuestra vocación. Hemos recibido una llamada de Dios para ejercer una misión en el mundo, siempre al servicio de los demás.

Jesús, tú eres el buen Pastor que nos conoces personalmente y nos guías por los mejores caminos con tus palabras del evangelio y tus orientaciones en nuestra conciencia. Bendícenos con tu gracia para que podamos responder lo mejor posible a la misión que nos encomiendas. De una manera especial te queremos pedir hoy por el nuevo Papa León XIV que, a través de la elección de los cardenales, has nombrado Pastor de la Iglesia Universal, siguiendo tu ejemplo y tu palabra. Que nuestra oración y nuestro afecto le acompañen con la luz y la fuerza de tu Espíritu, el Espíritu Santo que está presente en su ministerio.

Te pedimos también, Señor Jesús, en esta jornada de oración por las vocaciones para que haya jóvenes cristianos dispuestos a acoger tu llamada y seguir la vocación sacerdotal. Sabemos por experiencia que tu llamada a una vocación va acompañada de las gracias necesarias para vivir con alegría la misión que nos encomiendas.

Señor Jesús, alimenta nuestro espíritu con tu Palabra. Queremos dejarnos guiar por la luz de tu verdad. Fortalece nuestra vida con el pan eucarístico que es tu Cuerpo para la vida del mundo. Aumenta nuestro amor a la eucaristía y ayúdanos a seguir tus pasos como buen Pastor. Que la celebración de este domingo nos llene de alegría y sepamos comunicarla a nuestros familiares y amigos.

Amén.

ÉL SIGUE VIVO ENTRE NOSOTROS

PRUEBA DE ELLO...

Marina María Peñacoba Rogel

Marina pertenece a la parroquia de Santa María La Real y Antigua en Gamonal.

En ella es catequista de Comunión desde los 18 años y miembro del Coro Parroquial.

A nivel de la diócesis participa en el coro diocesano «Pedal» (Potente Equipo de Animación Litúrgica) y en el de la Parroquia del Espíritu Santo.

También forma parte de un Grupo de Vida de Jóvenes desde hace casi 10 años.

En este tiempo de Pascua en el que celebramos la Resurrección de Jesús, dinos si Jesús es para ti alguien que vive y te relacionas con él. ¿Quién es Jesús para ti?

Jesús es mi guía y mi pilar, sobre Él apoyo toda mi vida (mis problemas, preocupaciones, deseos, esperanzas y alegrías).

El saber que Él siempre me acompaña, me da tranquilidad, confianza y fuerza para afrontar la vida en todas sus dimensiones.

¿En qué momentos y cómo se manifiesta esa relación que tienes con Jesús o esa relación de Jesús contigo?

Sobre todo en la oración pero en general, en el día a día. Gracias al grupo de vida al que pertenezco, «he aprendido a ver a Jesús en los pequeños detalles», en las personas con las que me cruzo y con las que comparto gran parte de mi día, como compañeros de trabajo, amigos y familia. Ellos me acercan a Jesús.

En la oración diaria comparto con Él muchos de los momentos vividos con estas personas, circunstancias, preocupaciones y deseos.

«Hablar con Él me da paz».

En tu opinión, ¿Cuáles pueden ser hoy buenos signos externos que muestren a los demás nuestra fe en que Jesús resucitó y vive?

La fe se nota en nuestra forma de vivir la vida. En nuestra ALEGRÍA por Cristo resucitado y nuestra ESPERANZA de salvación.

Esta alegría y esperanza se refleja en mi relación con los demás, así como los valores que Jesús nos inculcó. Él es mi maestro y mi ejemplo, e intento seguir sus enseñanzas en mí día a día.

¿Qué le dirías a uno que no cree en esta verdad de fe: no cree que Jesús, como hombre que fue igual que nosotros, resucitó y vive?

Desde mi punto de vista, hablar de Dios con alguien no creyente, se debe hacer desde la cercanía y la naturalidad.

Sin imponer nuestra creencia, podemos compartir experiencias personales y ejemplos de cómo la fe ha influido en nuestra vida.

Todo esto por supuesto, acompañado de nuestro ejemplo de vida y coherencia con las enseñanzas y valores que Jesús nos enseñó.