En nuestro primer viaje nos vamos hasta Italia para conocer la historia de uno de los santos más jóvenes y actuales de la Iglesia: San Carlo Acutis, un adolescente apasionado por la informática, el deporte y los amigos, pero sobre todo profundamente enamorado de Jesús y de la Eucaristía.
Su historia nos demuestra que no es necesario vivir hace cientos de años para llegar a ser santo.
Carlo nació el 3 de mayo de 1991 en Londres, donde sus padres italianos se encontraban por motivos laborales. Pocos meses después, la familia regresó a Milán, ciudad en la que Carlo crecería y viviría prácticamente toda su vida.
Era un chico como tantos otros de su edad: iba al colegio, tenía amigos, jugaba al fútbol, le gustaban los animales y sentía una especial fascinación por los ordenadores y la informática. Pero había algo que ocupaba el centro de su vida: su amistad con Jesús.
LA EUCARISTÍA, SU “AUTOPISTA HACIA EL CIELO”
Carlo recibió su Primera Comunión con siete años y, desde entonces, comenzó a desarrollar un profundo amor por la Eucaristía.
Siempre que podía asistía diariamente a Misa y dedicaba tiempo a la adoración eucarística. Para él, encontrarse con Jesús en la Eucaristía era el centro de todo.
Por eso se hizo especialmente conocida una de sus expresiones: “La Eucaristía es mi autopista hacia el cielo”.
También tenía una profunda devoción a la Virgen María, rezaba el Rosario y acudía con frecuencia al sacramento de la Reconciliación.
INTERNET AL SERVICIO DEL EVANGELIO
Carlo tenía una extraordinaria facilidad para utilizar los ordenadores. Pero en lugar de considerar Internet solamente como una forma de entretenimiento, decidió utilizar sus conocimientos para dar a conocer su fe.
Siendo todavía adolescente investigó numerosos milagros eucarísticos ocurridos en diferentes lugares del mundo y creó una exposición digital para recopilarlos y darlos a conocer. Su trabajo terminó convirtiéndose en una exposición sobre los milagros eucarísticos que ha recorrido parroquias y comunidades de numerosos países.
De una forma sorprendentemente actual, Carlo comprendió que Internet también podía convertirse en un instrumento para anunciar el Evangelio. Por eso su figura resulta hoy especialmente cercana a niños y jóvenes que han crecido rodeados de teléfonos móviles, ordenadores, redes sociales e Internet.
CERCA DE QUIEN MÁS LO NECESITABA
Pero Carlo no vivía únicamente su fe delante de una pantalla. Estaba especialmente atento a los pobres, las personas sin hogar, los ancianos solos y quienes sufrían alguna dificultad. Utilizaba incluso parte del dinero que ahorraba para ayudar a personas necesitadas y colaboraba con iniciativas de caridad. También ayudaba a sus compañeros cuando tenían problemas, impartía catequesis a niños y ponía sus conocimientos informáticos al servicio de su parroquia y de diferentes proyectos solidarios.
Para Carlo, amar a Jesús significaba necesariamente amar también a las personas que encontraba a su alrededor.
“TODOS NACEN ORIGINALES…”
Carlo quería que cada persona descubriera los dones que Dios le había regalado y no viviera simplemente imitando a los demás.
De ahí procede otra de las frases más conocidas asociadas a él: “Todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias”.
Su vida fue precisamente un ejemplo de ello: un adolescente normal que supo utilizar aquello que mejor conocía —la informática, Internet y la comunicación— para ponerlo al servicio de algo mucho más grande.
UNA VIDA MUY CORTA
A comienzos de octubre de 2006, cuando apenas tenía 15 años, Carlo comenzó a encontrarse mal.
Lo que inicialmente parecía una gripe terminó siendo diagnosticado como una leucemia fulminante de tipo M3. La enfermedad avanzó con enorme rapidez.
Incluso en aquellos momentos mantuvo una extraordinaria serenidad y ofreció sus sufrimientos por el Papa y por la Iglesia.
Carlo falleció en el hospital San Gerardo de Monza el 12 de octubre de 2006, con tan solo 15 años.
SAN CARLO ACUTIS EN ASÍS
Carlo sentía un cariño muy especial por Asís, la ciudad de San Francisco y Santa Clara, donde su familia pasaba temporadas y donde él fue profundizando en la espiritualidad franciscana.
También había expresado su deseo de ser enterrado allí. Sus restos fueron trasladados definitivamente, en abril de 2019, a la iglesia de Santa María la Mayor – Santuario del Despojo de Asís.
Hoy su tumba puede contemplarse en este santuario. Carlo aparece vestido de una forma muy diferente a como quizá imaginamos tradicionalmente a un santo: vaqueros, sudadera y zapatillas deportivas.
Una imagen que sorprende a muchos peregrinos y que nos recuerda que la santidad también puede encontrarse en la vida cotidiana de un adolescente de nuestro tiempo.
Miles de personas, y especialmente muchos jóvenes, llegan actualmente hasta el Santuario del Despojo para rezar ante su tumba.
UN SANTO DE NUESTRO TIEMPO
Carlo fue declarado venerable en 2018 y beatificado en Asís el 10 de octubre de 2020. Finalmente, el 7 de septiembre de 2025, en la Plaza de San Pedro del Vaticano, el papa León XIV proclamó santos a Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati.
Carlo tenía solo 15 años cuando murió, y había nacido en 1991. Por eso se ha convertido en uno de los ejemplos más representativos de la santidad entre los jóvenes del siglo XXI y de la generación digital.
Su memoria litúrgica se celebra cada 12 de octubre, coincidiendo con el día de su muerte.