VI Domingo de Pascua 2026
Primera lectura
Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles
(1, 1-11)
En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.
Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo; pues aún no había bajado sobre ninguno; estaban solo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.
Salmo
Aclamad al Señor, tierra entera
Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». R/.
Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R/.
Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos en él.
Con su poder gobierna eternamente. R/.
Los que teméis a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor. R/.
Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro
(3, 15-18)
Queridos hermanos:
Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo.
Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal.
Porque también Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para conduciros a Dios. Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu.
Evangelio del día
Lectura del Santo Evangelio según San Juan
(14, 15-21)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.
No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
DOMINGO 10 DE MAYO «PASCUA 2026»
¡JESÚS RESUCITÓ!
¡ÉL VIVE HOY!
Lectura del santo Evangelio según San Juan 14, 15-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.
No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
Palabra de Dios.
Oración
Señor Jesús, nos vamos acercando a la gran fiesta del Espíritu Santo que es Pentecostés. En el evangelio de este domingo sexto de Pascua está ya presente la promesa del Espíritu: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad”. Gracias, Señor Jesús, hablar del Espíritu Santo es hablar de verdad, Espíritu de la verdad, y de amor, Espíritu de amor. En el misterio de la Trinidad de Dios, el Espíritu Santo es el Amor entre Dios Padre y Dios Hijo. El gran regalo de Pascua de resurrección es el Espíritu Santo como Espíritu de amor, que nos capacita para amar como Jesús nos pide en su evangelio.
Señor Jesús, ayúdanos a disponer nuestra vida para recibir el don del Espíritu Santo. Para ello queremos poner en práctica lo que nos dices en el evangelio de hoy: “Si me amáis… el que me ama, será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él”. El primer fruto del Espíritu Santo es el amor: “Amor, alegría, paz…” Por eso la insistencia de la palabra de Dios estos días en permanecer en el amor. Tú conoces, Señor, nuestra debilidad. Por eso acudimos a ti para pedir la fuerza de tu Espíritu. Hoy San Pedro nos pide en la segunda lectura “saber dar razón de nuestra esperanza, con delicadeza y con respeto”. Ser discípulos tuyos, Señor Jesús, nos lleva a ser misioneros, a la misión de ser testigos tuyos en nuestro mundo de hoy.
Otro fruto del Espíritu es la alegría. Por eso el mismo evangelio de San Juan un poco más adelante nos dice: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor… Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud”. Ayúdanos, Señor Jesús, a percibir en nuestra vida la relación que existe entre estas palabras: El gran regalo de Pascua es el Espíritu Santo. Primer fruto del Espíritu es el amor. Permanecer en el amor nos lleva a la alegría. Confiamos en ti. Creemos tu promesa.
Amén.
ÉL SIGUE VIVO ENTRE NOSOTROS
PRUEBA DE ELLO...
Mª Carmen Izquierdo Peraita
Carmen tiene 79 años, y es catequista de Confirmación desde hace 44.
Ejerció de maestra durante 8 años hasta que nace su hijo mayor.
Se encuentra muy contenta de poder ayudar a seguir a Jesús hasta donde pueda y devolver a la parroquia tanto como la da a ella y a su familia. Los niños también la enseñan y aprende.
Pertenece a la parroquia San Pedro de la Fuente desde hace 52 años.
He formado parte de grupos de matrimonios y del Consejo Pastoral Parroquial. También durante 20 años ha prestado ayuda en el equipo de limpieza y actualmente forma parte del Coro parroquial.
Entre sus aficiones, destaca la costura y la música. Pertenece a la Peña Guitarrista Burgense.
En este tiempo de Pascua en el que celebramos la Resurrección de Jesús, dinos si Jesús es para ti alguien que vive y te relacionas con él. ¿Quién es Jesús para ti?
Jesús es el Hijo de Dios que se hizo carne humana como nosotros, mandado por el Padre a la tierra para enseñarnos y demostrarnos el mejor camino para ser «felices» aquí y plenamente felices en el cielo. Si todos le siguiésemos, no habría guerras ni discordias, nos querríamos unos a otros y se cumpliría el «Venga a nosotros tu Reino».
Para mí es un Maestro que está siempre con nosotros, vive, nos quiere, nos perdona, nos ayuda, sigue manteniendo este mundo tan imposible de comprender por nuestra corta razón.
La vida sin Dios para mí no tiene sentido.
¿En qué momentos y cómo se manifiesta esa relación que tienes con Jesús o esa relación de Jesús contigo?
Es una relación de dependencia; ahora mismo te estoy pidiendo ayuda para escribir; le siento a mi lado, sobre todo, cuando no llego a algo, Él se encarga de que llegue: cambia la hora, acabo antes, la atrasa al día siguiente, llegamos tarde al evento y yo, etc., etc. Y digo: ¿Cómo puede ser? … Pues Él está ahí. Me pasa muchas veces.
Soy muy pedigüeña, cuando yo no sé, no puedo, etc. le digo: Te lo dejo a ti, me descargo y quedo muy aliviada.
Le doy muchas, muchas gracias por la fe que me da, por la salud, por la familia, las amistades, por las personas consagradas que con tanto cariño trabajan incansables por nosotros, porque me alimenta en la misa diaria y en la oración.
En tu opinión, ¿Cuáles pueden ser hoy buenos signos externos que muestren a los demás nuestra fe en que Jesús resucitó y vive?
Hablando de mi fe, respetando lo que otros piensan y haciendo que ellos me respeten. Gozo mucho cuando me encuentro con personas afines; nos complementamos, ayudamos, animamos, terminamos diciendo: ¡Qué suerte tenemos!
Pueden ser signos: la escucha, meterme en sus problemas, ayudar físicamente en situaciones concretas, comprenderles, visitarles, llamarles y pedir por ellos; que me pidan lo que necesiten, pues me gusta ayudar.
¿Qué le dirías a uno que no cree en esta verdad de fe: no cree que Jesús, como hombre que fue igual que nosotros, resucitó y vive?
Decirles que yo creo que soy mucho más feliz que si no creyese, porque confío en Él. Nuestra religión no enseña nada malo. Nuestra razón nos dice que así como no vemos nuestra alma, no pesa, no tiene color, etc., pero la tenemos. Es espíritu y no puede morir, pues Dios es el Padre de nuestras almas; no le vemos. Mandó a su Hijo para que le viéramos –«Quien me ve a mí, ve al Padre», dice Jesús- Resucitó y nos dijo que también nosotros resucitaremos.
La humanidad y los científicos hemos hecho grandísimos progresos, pero no llegamos al fin último; la respuesta la da la fe. La ciencia y la fe se complementan. Y así como los animales, seres más cercanos a nosotros, no pueden entender como nos comunicamos, hacemos aviones, coches, casas, porque somos superiores a ellos; tampoco nosotros entendemos a Dios y su creación tan inmensa y perfecta porque es superior a nosotros; lo entenderemos cuando vayamos al Cielo.
¿Cómo los mártires, como Jesús, dan la vida perdonando? ¿La alegría que nos proporciona hacer el bien? etc., etc. Si te vale, me alegraría.
V Domingo de Pascua 2026
Primera lectura
Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles
(6, 1-7)
En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas. Los Doce, convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron:
«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra».
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo; a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.
La palabra de Dios iba creciendo y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.
Salmo
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.
La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.
Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.
Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro
(2, 4-9)
Queridos hermanos:
Acercándoos al Señor, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo.
Por eso se dice en la Escritura:
«Mira, pongo en Sion una piedra angular, elegida y preciosa; quien cree en ella no queda defraudado».
Para vosotros, pues, los creyentes, ella es el honor, pero para los incrédulos «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular», y también «piedra de choque y roca de estrellarse»; y ellos chocan al despreciar la palabra. A eso precisamente estaban expuestos.
Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa.
Evangelio del día
Lectura del Santo Evangelio según San Juan
(14, 1-12)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».
DOMINGO 03 DE MAYO «PASCUA 2026»
¡JESÚS RESUCITÓ!
¡ÉL VIVE HOY!
Lectura del santo Evangelio según San Juan 14, 1-12
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».
Palabra de Dios.
Oración
Señor Jesús, gracias por tus palabras del evangelio de este domingo. En medio de las situaciones difíciles en las que cada uno podemos encontrarnos, nos dices con todo tu amor y tu poder divino: “No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí”. Tu mensaje siempre es de paz. Y nos pides que creamos en Dios y creamos también en ti.
Cierto, necesitamos la fe para creer lo que nos dices a continuación: “En la casa de mi Padre –lo que llamamos el cielo- hay muchas moradas… Yo voy a prepararos un lugar… para que donde estoy yo, estéis también vosotros”. Tú, Señor Jesús, tienes palabras de vida eterna. Nos prometes el cielo. Quieres estar definitivamente con nosotros en la otra vida. Es tu promesa. Y siempre cumples tu palabra.
Gracias, Señor Jesús, porque no solo nos señalas la meta del cielo, sino que además nos muestras el camino: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Tú, Señor, con tu vida y tu palabra del evangelio, eres el camino que nos lleva al Padre: “Nadie va al Padre sino por mí”.
Gracias a tu Espíritu, Señor Jesús, podemos acercarnos al misterio de tu unión íntima con el Padre, hasta el punto de decirnos hoy en el evangelio: “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre… Creedme, yo estoy en el Padre y el Padre en mí”. Te pedimos, Señor, con humildad, que la luz de tu Espíritu nos ayude a conocer y a amar este misterio de Dios que es un misterio de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Amén.
ÉL SIGUE VIVO ENTRE NOSOTROS
PRUEBA DE ELLO...
Teresa Chávez Dávila
Teresa es peruana de nacimiento.
Está casada con José Ramón Río Peña, burgalés de nacimiento.
Tiene 2 hijos y 1 nieto.
Maestra de Primaria en Perú y participante de las Comunidades Cristianas de Maestros. También ha trabajado cuidando niños y ancianos. Actualmente está jubilada.
Llegan toda la familia a Burgos en el año 1992.
A partir del año 1995, encontró el camino que Dios le tenía preparado para seguir sirviéndole como voluntaria hasta hoy, en: Los Centros de Cultura Popular de la Mujer en Gamonal, Pastoral de Inmigración, EIRENE Cultura para la Paz, Asociación Peruana “Hijos del Sol” y como voluntaria de Cáritas en la Parroquia San Pedro de la Fuente.
Vive en nuestro barrio de San Pedro de la Fuente desde el año 2015.
Actualmente sigue viviendo agradecida a Dios y a todas las personas con las cuales se ha sentido enriquecida con las vivencias Evangelizadoras de estos años.


En este tiempo de Pascua en el que celebramos la Resurrección de Jesús, dinos si Jesús es para ti alguien que vive y te relacionas con él. ¿Quién es Jesús para ti?
Reconozco la Alegría que siento de tener a Jesús Resucitado Vivo entre nosotros que nos acompaña cada día con su Amor Misericordioso.
Es mi compañero fiel en mi caminar diario y le da sentido a mi Vida. Con Él comparto mis momentos felices y difíciles, mis miedos, mis agradecimientos y me entrego a su Voluntad.
¿En qué momentos y cómo se manifiesta esa relación que tienes con Jesús o esa relación de Jesús contigo?
Nuestra relación se manifiesta a nivel personal en mis Oraciones diarias, en las Oraciones Comunitarias con algunos grupos. En la Eucaristía, que me llena de Felicidad.
En las relaciones con mi familia, con las amistades, con los grupos y personas nuevas que sigo conociendo.
En mis momentos de impotencia frente a las injusticias que vemos a diario refuerza mi Esperanza para compartirla con los que sufren.
Me acompaña en el discernimiento de mis actos. Su Espíritu me ilumina y me da fuerzas para seguir adelante.
En tu opinión, ¿Cuáles pueden ser hoy buenos signos externos que muestren a los demás nuestra fe en que Jesús resucitó y vive?
En cuanto a los signos externos que muestran a los demás nuestra Fe en que Jesús Resucito y VIVE: Están en nuestro testimonio de vida que Jesús nos enseñó con sus Obras de Misericordia, compartiendo nuestros dones y apoyando los esfuerzos de los que defienden la Verdad, la Justicia, la Paz, la Solidaridad.
Participando en los Gestos Públicos de la Pobreza, las Jornadas de Oración, los Círculos del Silencio…
¿Qué le dirías a uno que no cree en esta verdad de fe: no cree que Jesús, como hombre que fue igual que nosotros, resucitó y vive?
Algunas personas que no creen que Jesús VIVE y está con nosotros, valoran mucho el testimonio de vida cristiana de personas que conocen.
Pero si lo puedo intentar con alguien, primero le respetaría si no desea escucharme, luego se me ocurre que si acepta, podría antes informarme de la historia de Mártires del Cristianismo que dieron su Vida por Amor a Dios y a partir de ahí lo relacionaría con la Vida de Jesús Resucitado y VIVO con Nosotros.


